El islamismo, dos mujeres y el señor Wen

Keren Flórez Ayala
January 13, 2016
Spanish
Hinduistas, budistas y musulmanes tienen algo en común: se postran ante sus dioses. Yo soy fría para adorar, para evangelizar, para amar. Ellos no. ¿Por qué están tan convencidos de que sus dioses salvan? ¿Por qué tienen esperanza?.

Un hombre aquí y otro allá trabajan callados y serios. Todos ellos están vestidos con una larga túnica blanca y cada uno sostiene un cincel. Ninguno dice nada,solo remueven lo que sobra de unas columnas de mármol que están perfectamente labradas. Ellos trabajan en el primer templo hindú tradicional de Estados Unidos,El Mandir. El templo fue hecho a mano,el piso viene de Turquía,el techo de Italia y,el resto,lo hicieron en India y lo trajeron hasta aquí en piezas para que hombres voluntarios lo ensamblaran. Tardaron once meses.

Antes de entrar al templo,hay que quitarse los zapatos. Adentro,hay miles de figuras talladas que sobresalen por todas partes y cada una es diferente. Unas representan a dioses,otras posiciones de adoración.

La chica es discreta,tímida y pacífica. Tiene unos once años y desde que llegó no se separa de su madre. Ella,su madre,es diferente. Es aguerrida y tiene ojos color miel. Han pasado más de cinco minutos y desde que llegó la mujer está rendida. Se para,se hinca,se postra. Repite. Su rostro está fijo sobre una estatua de oro. La inscripción dice que se llama Vishnu. Una madre y su hija están adorando a Vishnu. Ellas son practicantes del hinduismo.

Hace dos días empezó el otoño y estoy en una camioneta que va en dirección a Houston. Hay más de cinco horas de viaje desde Edinburg,una ciudad pequeña ubicada al lado de la frontera con México,hasta Houston que es la metrópoli más importante del estado de Texas.

Houston es un lugar increíble. Al menos 350 grupos no alcanzados viven allí y,por eso,es considerada como la ciudad con mayor diversidad étnica y racial en Estados Unidos. La principal razón es que personas de muchas partes del mundo están llegando como refugiados y estudiantes internacionales hasta aquí. Un mundo en una ciudad,eso es Houston.

Caminas y te encuentras a un chino,un español,un indio,un francés,un colombiano o un ruso. Esa es la señal de que ya llegaste. La cosa es que cuando hay tantas personas,de tantos lugares,la pregunta sobre su fe surge. Y ellos qué,¿acaso se trajeron sus creencias? La respuesta es sí. Al venir,decidieron empacar su fe,sus ritos,sus vestidos. Y al llegar,decidieron construir sus centros religiosos,templos y mezquitas. ¡Houston es un lugar libre! Como anillo al dedo para ser un budista,un musulmán o un hinduista.

Sus uñas están pintadas de rosa pálido. Por lo general,pienso que los pies son feos,pero los de ella son lindos. Son pulidos. Esta mujer ha de tener unos cincuenta años y lleva un sari de color púrpura. Es de India,es hermosa.

Ella viene a participar del abhishek que es un ritual hindú en el que vierten agua sobre la cabeza de un dios para honrarlo y obtener bendiciones de parte de él. Ellos cantan y pronuncian mantras. Ellas tienen velas encendidas que mueven al compás de la música. Los hombres son los primeros que pasan a derramar agua sobre la cabeza del dios,las mujeres van después. Ya terminó el ritual,pero ella decidió quedarse. Está dando vueltas alrededor de la estatua. Está orando. Se dio cuenta que la estoy mirando.

Los hinduistas creen en Jesús y 100 dioses más. Ellos no creen que Jesús es el Hijo de Dios,ni que ha venido a la tierra una vez,sino que creen que ha venido varias veces al igual que los otros dioses. La mujer del sari púrpura sabe firmemente esto.

Definitivamente sí se dio cuenta de mi presencia. Me puse a mirar las figuras del techo y cuando bajé la cabeza estaba ella. Qué linda es. ¡Nunca antes una mujer hinduista me había hablado y ella lo hizo! Me miró a los ojos y me dijo una frase en un idioma que no entendí. Se alejó caminando.

El señor Don Wen es un hombre buena gente. Es de Vietnam y hace treinta años llegó a Houston. Sus días los pasa trabajando como asesor financiero en una empresa y siendo voluntario en el Templo Budista.

El templo es algo así como un centro cultural. Como a cinco metros de donde estoy hay cuatro jóvenes asiáticos que cantan I’m yours de Jason Mraz;más adelante,hay una especie de escenario donde personas preparan el sonido y la decoración de lo que va a ser la celebración del Festival de Otoño;las personas caminan,cantan,se ríen,se postran.

El buda favorito de Don es Avalokiteshvara,una mujer.

Mientras yo miro la luna,hay como unos quince chicos que le hacen preguntas para saber más sobre el budismo. Hablan sobre la reencarnación,el futuro,su trabajo como voluntario en el Templo,las disciplinas budistas,Dios.

El señor Don piensa que la vida es un círculo,viene aquí y luego en el futuro tiene otra vida. Por eso es que busca hacer el bien,porque si hace maldades en esta vida,en el futuro tendrá que pagar. “Pasar bien el presente es importante,pero el objetivo es tener mejor vida en el futuro”,dice.

En medio de la conversación,veo a una mujer postrada ante el buda favorito de Don. Para concluir su ritual decide quemar incienso sobre el altar. Este buda es una madre que escucha los sonidos de sufrimiento de sus hijos. Debe medir como unos treinta metros de alto.

El señor Don nos despide desde un puente,divertido.

Todos los días 160 niños van a la mezquita de la calle Prestwood a aprender el Corán. La memorización resulta una buena manera para que desde pequeños los chicos sean radicales con su fe.

Al-Noor Society of Greater Houston no tiene cara de mezquita. Es un edificio sencillo,sin ninguna imagen o escultura. En el salón principal solo hay tapetes rojos y una escritura dorada sobre el techo con un fragmento del Corán en árabe. El segundo piso es la sección de las mujeres. El salón es blanco y hay sillas para las mujeres enfermas que no se pueden postrar.

Según la Revista Vamos,existen dos grandes grupos con una visión misionera: el Cristianismo y el Islam. Así como nosotros recibimos la Gran Comisión,los musulmanes tienen el Da’wah,que es la orden de que todo musulmán debe llenar la tierra con el Islam ya sea por medio de palabras o acciones.

Ellos son mejores evangelistas que nosotros. Un misionero,que trabaja alcanzando a los musulmanes en China,me dijo que la segunda pregunta que un musulmán le hace a una persona que acaba de conocer es cuál es su fe. Ellos van al grano. Eso se llama: islamización.

Hinduistas,budistas y musulmanes tienen algo en común: se postran ante sus dioses. Yo soy fría para adorar,para evangelizar,para amar. Ellos no. ¿Por qué están tan convencidos de que sus dioses salvan? ¿Por qué tienen esperanza?

Me encontré una mujer de Pakistán a la entrada de la mezquita.

-Tú eres musulmana pero aún no lo sabes,me dijo.

-Qué fuerza evangelizadora,pensé.

Keren Flórez Es ex-alumna del seminario bíblico Rio Grande. Tiene un diplomado en estudios bíblicos por dos años. Actualmente se encuentra sirviendo a la iglesia de Cristo en Rio Negro, Colombia.

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