El Apocalipsis: ¿alegoría o texto literal?
Por Dr. Richard Schmidt
Pastor en Union Grove, Wisconsin; fundador de Prophecy Focus Ministries; autor de ocho libros y da charlas en iglesias y congresos.
Un importante debate teológico en las iglesias e instituciones que creen en la Biblia gira en torno a la teología del pacto frente a la teología dispensacionalista, la interpretación literal frente a la espiritualización y la alegorización de los textos proféticos, y si las promesas y los pactos que Dios hizo con Israel se transfirieron a la Iglesia y se retiraron de Israel. Todas estas cuestiones teológicas plantean un gran desafío a la hora de interpretar el libro del Apocalipsis. ¿Cuál es la hermenéutica adecuada para examinar el Apocalipsis?

El término hermenéutica proviene del griego hermeneuo, que, en pocas palabras, significa “explicar, interpretar; la ciencia de la interpretación de la Biblia”.[1] La hermenéutica dispensacionalista incorpora cuatro principios clave para interpretar el Apocalipsis. Zuck llega a la conclusión de que los principios habituales para interpretar las Escrituras incluyen el contexto, los antecedentes históricos, la estructura gramatical y el significado literal.[2] El dilema interpretativo de Apocalipsis consiste en aplicar una interpretación literal cuando el libro contiene numerosos símbolos.
No hay nada sencillo en lo que respecta a la importancia fundamental de interpretar las Escrituras tal y como Dios lo pretendía. Abner Chou nos ofrece la siguiente advertencia:
Nuestra reflexión sobre la hermenéutica no se limita al ámbito académico, sino que, en última instancia, determina nuestra forma de vivir y si agradamos o no a Dios. ¿Qué está en juego cuando estudiamos hermenéutica? En pocas palabras, toda nuestra vida cristiana y nuestro ministerio. La hermenéutica no es una cuestión negociable; es esencial para el camino cristiano. Dios da gran importancia a “interpretar correctamente” (Neh 8:8; 2 Ti 2:15) y condena a quienes tergiversan las Escrituras (2 P 3:16).[3]
La cuestión fundamental para todo estudioso de la Biblia es, sin duda, entenderla correctamente. Por lo tanto, en este artículo se defenderá que la hermenéutica dispensacionalista —que interpreta las Escrituras desde un punto de vista histórico, contextual, gramatical y literal— es la metodología adecuada para interpretar el libro del Apocalipsis, en contraposición a la espiritualización y la alegorización del texto bíblico.
Literatura apocalíptica
Los estudiosos clasifican el Apocalipsis, así como gran parte de Ezequiel, Daniel y Zacarías, como literatura apocalíptica. Zuck llega a la conclusión de que la literatura apocalíptica tiene cuatro componentes clave: “(1) consiste en profecías transmitidas a través de visiones detalladas; (2) incluye numerosos símbolos; (3) a menudo se ve a un ángel en las visiones y con frecuencia da interpretaciones, y (4) incluye mensajes sobre el futuro lejano”.[4]
El estilo de redacción del libro del apocalipsis (en griego, apokalupsis)
Desde el punto de vista bíblico, el apocalipticismo es la revelación o el desvelamiento de Cristo, especialmente en relación con su segunda venida, a través de visiones y símbolos que ponen de manifiesto lo siguiente: 1. El poder de Dios sobre el cielo, la tierra y el infierno; 2. La realización soberana de sus designios en la historia del mundo, especialmente en las escenas culminantes del fin de los tiempos; y 3. La victoria definitiva de la gracia redentora en y a través del Señor Jesucristo.[5]
El Apocalipsis incorpora el uso de numerosos símbolos, lo que acentúa la dificultad de interpretar el libro. ¿Quién es el dragón del que se habla trece veces en el Apocalipsis? ¿Quiénes son los cuatro seres vivientes, los veinticuatro ancianos, los llamados cuatro jinetes del Apocalipsis en el capítulo 6, y tantos otros conceptos simbólicos utilizados en el Apocalipsis? Este artículo sugiere que Dios tiene una interpretación específica para cada texto bíblico, y que es responsabilidad del estudioso de la Biblia determinar el significado concreto de cada texto. Por lo tanto, debemos seguir la exhortación del Señor de estudiar las Escrituras, para presentarnos aprobados ante Dios (2 Ti 2:15).
Cronología del apocalipsis
Quien interprete el Apocalipsis debe determinar la cronología del libro a la luz de la línea temporal profética de Dios. La Biblia proporciona el esquema básico del Apocalipsis en el capítulo 1, versículo 19. El Señor le dice específicamente al apóstol Juan: “Escribe, pues, las cosas que has visto, y las que son, y las que han de suceder después de estas”. Warren Wiersbe, un destacado erudito bíblico, concluye: “El libro del Apocalipsis es el único libro de la Biblia que contiene un esquema inspirado de su contenido. ‘Las cosas que has visto’ se refiere a la visión de Apocalipsis 1. ‘Las cosas que son’ se refiere a Apocalipsis 2-3, los mensajes especiales a las siete iglesias. ‘Las cosas que han de suceder después de esto’ abarca los acontecimientos descritos en Apocalipsis 4-22”.[6]
Los estudiosos de la Biblia discuten sobre la cronología del calendario profético, lo cual es una de las razones clave por las que a los intérpretes del Apocalipsis les cuesta entender su contenido. Daniel 9:24-27 establece el calendario profético de Dios para el pueblo judío, no para los santos de la Era de la Iglesia, y proporciona la cronología específica para Apocalipsis 4-19. La profecía de las setenta semanas de Daniel ofrece la datación exacta para determinar la fecha de la crucifixión de Jesucristo y la duración del futuro período de tribulación.
En resumen, cada semana de la profecía de Daniel es una heptada hebrea que describe un período de siete años. Daniel escribe: “Has de saber y entender que desde la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas” (Dn 9:25). El profeta afirma que transcurrirán sesenta y nueve semanas, es decir, 483 años, entre la promulgación del decreto y la crucifixión del Mesías.[7] La historia recoge que el rey Artajerjes promulgó el decreto el 13 de marzo del año 445 a. C. y que, 483 años después, tuvo lugar la crucifixión de Jesucristo, tal y como se había profetizado (Dn 9:26).[8] Daniel profetizó que tendrían lugar dos acontecimientos antes de que pudiera comenzar la septuagésima semana de Daniel: la muerte del Mesías (crucifixión) y la destrucción del Segundo Templo, lo cual ocurrió en el año 70 d. C.
El siguiente acontecimiento que, según profetizó Daniel, tendrá lugar es la septuagésima semana, es decir, los últimos siete años de la profecía de las setenta semanas de Daniel (Dn 9:27). Ha transcurrido un intervalo de casi dos mil años desde que los romanos destruyeron el Segundo Templo. ¿Por qué? Dios detuvo el calendario profético judío e introdujo la Era de la Iglesia poco después de la ascensión de Jesucristo, tal y como describe vívidamente el libro de los Hechos. El apóstol Pablo ofrece la explicación sobre la formación de la Era de la Iglesia, el cuerpo de Cristo. “[E]s decir, el misterio que ha estado oculto desde los siglos y generaciones pasadas, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria” (Col 1:26-27). Pablo añade que Dios, por revelación, le dio a conocer lo que no había revelado en el pasado: que los gentiles serían coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de su promesa en Cristo por medio del Evangelio (Ef 3:17). La sincronización de Daniel 9:24-27, Efesios 3:1-7 y Colosenses 1:24-29 proporciona la línea temporal cronológica del rapto (1 Ts 4:13-18; 1 Co 15:50-54), así como la duración del período de la tribulación, que se detalla en Apocalipsis 4-19. La retirada de los santos de la Era de la Iglesia debe tener lugar antes de la septuagésima semana de la profecía de Daniel, ya que la Iglesia no forma parte de la línea temporal profética judía (Dn 9:24-27).
Por lo tanto, queda claro el esquema del Apocalipsis que se ofrece en Apocalipsis 1:19. Apocalipsis 1 hablaba de las cosas que ya habían ocurrido. Apocalipsis 2-3 se dirigía a las siete iglesias que existían cuando Juan escribió el Apocalipsis. Los capítulos 4-19 incluyen los acontecimientos que tendrán lugar durante la septuagésima semana de la profecía de Daniel, que Daniel 9:27 confirma como un período de siete años. Esto concuerda con las primeras sesenta y nueve semanas de la profecía de Daniel, que la historia ha establecido como un período literal de 483 años. Apocalipsis 19:11-20:10 trata sobre la segunda venida de Jesucristo y el establecimiento del reino milenario de Cristo en la tierra, seguido del Juicio del Gran Trono Blanco (Ap 20:11-15) y la formación del nuevo cielo eterno, la nueva tierra y la Nueva Jerusalén (Ap 21:1-22:21).
Retirada de los santos de la Era de la Iglesia
La cronología profética judía del Antiguo Testamento nunca abordó la formación de la Era de la Iglesia. El Apocalipsis contiene dos versículos que sugieren que el Señor retirará a los santos de la Era de la Iglesia antes de que comiencen los juicios de la tribulación. “Porque has guardado la palabra de mi perseverancia, yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que está por venir sobre todo el mundo para poner a prueba a los que habitan sobre la tierra” (Ap 3:10). Juan escribió esta promesa a la iglesia que existía en Filadelfia, en Asia Menor. La profecía indica que se avecina una prueba, o tribulación, sobre la tierra, que abarcará todos los juicios descritos en Apocalipsis 6-19. La promesa es que los santos de la Era de la Iglesia no experimentarán la tribulación, ya que Jesús los retirará antes de que esta comience.
El apóstol Juan nos ofrece un segundo versículo que indica que el Señor retirará a los santos de la Era de la Iglesia antes de que Dios derrame Su ira catastrófica durante la tribulación de siete años. “Después de esto miré, y vi una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que yo había oído, como sonido de trompeta que hablaba conmigo, decía: Sube acá y te mostraré las cosas que deben suceder después de estas” (Ap 4:1). Juan indica que el Señor revelará ahora el tercer punto del esquema de tres puntos del Apocalipsis relativo al futuro profético (Ap 1:19). El Señor llamó a Juan “sube aquí” antes de que comience la narración. Los eruditos pretribulacionistas sugieren que el movimiento ascendente de Juan se corresponde con el arrebatamiento de todos los santos de la Era de la Iglesia (1 Ts 4:17). Apocalipsis 1-3 utiliza la palabra iglesia diecinueve veces. Sin embargo, el Apocalipsis no vuelve a utilizar la palabra iglesia hasta el capítulo 22, versículo 16, donde se afirma: “Yo, Jesús, he enviado a mi ángel a fin de daros testimonio de estas cosas para las iglesias. Yo soy la raíz y la descendencia de David, el lucero resplandeciente de la mañana”.
Los juicios en Apocalipsis (Ap 4:2-19:21)
Juan revela que durante los siete años de tribulación tendrán lugar cuatro series de juicios en la tierra: los juicios de los sellos, las trompetas, los truenos y las copas. Cada juicio describe un resultado concreto. Sin embargo, el Apocalipsis describe múltiples juicios en términos simbólicos, como los cuatro primeros juicios de los sellos, en los que los caballos blancos, rojos, pálidos y negros ofrecen una imagen vívida de la ira de Dios que Él derramará sobre la tierra. Las Escrituras revelan que más del cincuenta por ciento de la población mundial morirá solo en dos de los juicios registrados (Ap 6:9; 9:18). Mateo 24:22 concluye que, si el Señor no hubiera limitado la duración de la tribulación a ese período de siete años, nadie habría sobrevivido. Esto plantea un escenario aterrador para quienes rechacen a Cristo durante la Era de la Iglesia y entren en la tribulación.
Sí, Dios utilizó símbolos para describir Sus juicios literales. Intentar espiritualizar esos juicios solo conduce a la confusión y resta importancia a las advertencias que Dios nos dio. Alterar las advertencias de Dios al espiritualizar el texto es anatema.
La segunda venida de Cristo y Su reino
Existen tres posturas principales con respecto al concepto del reino de Dios en la tierra: la premilenial, la amilenial y la posmilenial. Una de las posturas más populares es la amilenial, que espiritualiza el concepto del reino de Cristo en la tierra. Cairns resume la postura amilenista de la siguiente manera: el amilenismo es “la teoría de que no habrá un período de mil años de gran bendición espiritual antes del regreso del Señor Jesús, ni un reinado de mil años de Cristo en la tierra tras su regreso. Por lo tanto, en Apocalipsis 20, las múltiples referencias a los mil años se interpretan de forma espiritual para transmitir la idea de plenitud o perfección”.[9]
Una segunda postura, menos aceptada, es el posmilenalismo. Cairn ofrece una explicación sencilla de esta postura. El posmilenalismo es “la creencia de que la segunda venida de Cristo irá precedida del Milenio, una edad de oro de bendiciones evangélicas sobre el ministerio de la Iglesia. En la venida de Cristo tendrá lugar la resurrección general y el juicio general, seguidos de la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra, y del estado eterno”.[10]
La postura que adopta la interpretación literal es la premilenialista. El premilenialismo concluye que la segunda venida de Jesucristo tiene lugar al final de la tribulación de siete años (Ap 19:11-21) y antes de que Jesucristo inaugure su reino milenario en la tierra (Ap 20:1-10). Esta postura es la única que interpreta literalmente la gran cantidad de pasajes proféticos relativos al reino de Cristo en la tierra. El premilenialismo hace posible la interpretación de pasajes como Isaías 11:6-9, que habla de una paz literal en la tierra. “El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán,
sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar”.
Eternidad futura
¿Habrá un nuevo cielo, una nueva tierra y una Nueva Jerusalén, tal y como anunciaron el profeta Isaías y el apóstol Juan (Isaías 65:17-25; 66:22-24; Apocalipsis 21:1-22:5)? Pedro revela: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad” (2 P 3:10-11). La futura destrucción del entorno actual impone la necesidad de su futura sustitución literal.
Espiritualizar las Escrituras conduce a una interpretación humana de la palabra infalible de Dios (2 Ti 3:16). El apóstol Juan advirtió que añadir o quitar algo a la palabra de Dios conlleva una grave sanción judicial: “Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro” (Ap 22:18-19). Durante la Era de la Iglesia, el Espíritu Santo sella a quienes han recibido el don de la vida eterna al poner su fe únicamente en Jesús para la salvación (Ef 4:30). Sin embargo, la advertencia es clara. El intérprete del Apocalipsis no debe espiritualizar la palabra de Dios. Dios dijo lo que quiso decir y quiso decir lo que dijo. El estudioso de la Biblia debe determinar el significado literal que Dios pretendió cuando escribió los textos originales. Aquí nos mantenemos firmes. No podemos, ni debemos, dejarnos mover.
NOTAS
[1] Alan Cairns, Dictionary of Theological Terms (Greenville, SC: Ambassador Emerald International, 2002), 207.
[2] Roy B. Zuck, Basic Bible Interpretation (Colorado Springs, CO: David C. Cook, 1991), 76-77, 241.
[3] Abner Chou, The Hermeneutics of the Biblical Writers (Grand Rapids, MI: Kregel Academia, 2018), 13.
[4] Zuck, Basic Bible Interpretation, 243.
[5] Cairns, Dictionary of Theological Terms, 34.
[6] Warren W. Wiersbe, The Bible Exposition Commentary, vol. 2 (Wheaton, IL: Victor Books, 1996), 570.
[7] Gleason L. Archer, Jr., Daniel, vol.7, The Expositors Bible Commentary, ed. Frank E. Gabelein (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1985), 112.
[8] Sir Robert Anderson, The Coming Prince (Grand Rapids, MI: Kregel Classics, 1957), 128.
[9] Cairns, Dictionary of Theological Terms, 16.
[10] Ibíd., 334.
[N. del E.: todos los pasajes bíblicos de este artículo fueron tomados de La Biblia de las Américas (LBLA)]
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Edición: Marzo/Abril 2026.