El uso del Antiguo Testamento en el Nuevo
Por Dr. David L. Burggraff
Catedrático de Teología Histórica y Sistemática y de Hermenéutica en Shepherds Theological Seminary, Cary, Carolina del Norte; PhD de Dallas Theological Seminary.
Una de las cuestiones más importantes a lo largo de la historia de la interpretación bíblica ha sido la relación entre el Antiguo Testamento (AT) y el Nuevo Testamento (NT). De hecho, así lo afirma el primer párrafo de la extensa obra Dictionary of the New Testament Use of the Old Testament (2023) (Diccionario del uso del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento):

En las últimas décadas, ha cobrado gran importancia el campo conocido como “el uso del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento”. Lo que antes era un tema secundario ha pasado ahora a ocupar un lugar central…Los estudiosos del Nuevo Testamento son cada vez más conscientes de cómo los autores del Nuevo Testamento, en momentos clave de sus argumentos, suelen basarse en pasajes, acontecimientos y conceptos específicos del Antiguo Testamento.[1]
El uso del AT en el NT constituye el núcleo mismo de los debates actuales entre los sistemas teológicos dispensacionalista y del pacto, y reviste importancia también para la Cristología, la infalibilidad y una gran variedad de otros temas. Uno de los aspectos fundamentales del dispensacionalismo, tal y como señala Charles Ryrie en su libro Dispensationalism, es que “la esencia del dispensacionalismo, entonces, es la distinción entre Israel y la Iglesia”.[2] El Dr. Ed Glenny afirma así:
El uso del Antiguo Testamento en el Nuevo es uno de los ámbitos de estudio más fructíferos y prometedores para los estudiosos evangélicos de hoy en día. Ocupa un lugar central en el debate actual sobre la hermenéutica, la infalibilidad y la relación entre ambos Testamentos. La aplicación a la Iglesia de los pasajes del Antiguo Testamento que hablan de la nación de Israel es también un factor importante en la cuestión relativa a la relación entre Israel y la Iglesia.[3]
No se trata simplemente de un tema esotérico del que solo debaten los eruditos más intelectuales. Es fundamental para las posturas y creencias que defendemos en relación con nuestra comprensión de los pactos bíblicos de Dios, la redención, el cumplimiento de los acontecimientos proféticos, la doctrina de la Iglesia, los dos sacramentos, el reino de Dios, etc. Las cuestiones que plantean los estudiosos son complejas. ¿Es correcto afirmar que las citas del AT en el NT son inexactas? ¿Utilizaron los autores del NT, que eran judíos del siglo I, métodos contemporáneos como el midrash y la interpretación alegórica? ¿Identifican erróneamente los escritores del NT los cumplimientos Cristológicos? ¿Alegoriza Pablo las Escrituras de forma inadecuada? En numerosos pasajes parece que el escritor del NT ofrece una interpretación de los pasajes del AT sobre el cumplimiento que difiere de la intención original del autor del AT.[4] ¿Debería el enfoque que Jesús y los autores del NT adoptaron respecto al AT servirnos de norma y modelo para nuestra propia exégesis? Para plantear la cuestión de otra forma: “¿Somos libres de reproducir hoy en día la exégesis y los métodos hermenéuticos del NT?” ¿Cuál es la explicación de estos pasajes del NT? Ante estas preguntas, no existe consenso entre los estudiosos en cuanto al uso del AT en el NT. Nuestro interés —y el objetivo de este artículo— es analizar cómo el NT utilizó el AT, en lo que respecta a las actitudes hacia él y a los métodos para recurrir a él, interpretarlo exegéticamente y aplicar sus principios.
El alcance y la autoridad de las referencias al Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento
Gama de referencias del Antiguo Testamento
Según Roger Nicole, el NT contiene al menos 295 referencias independientes e indiscutibles al AT, además de numerosas alusiones. Nicole señaló que esas 295 referencias al AT ocupan 352 versículos del NT (el 4.4 % del NT completo).[5] Michael Vlach ha identificado aproximadamente 350 citas. Vlach señala: “Si tuviera que dar una cifra más concreta, diría que entre 355 y 360, lo cual es una cifra superior a la que la mayoría de los estudiosos considerarían aceptable. La mayoría coincide en que hay entre 300 y 360 citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento”.[6]
Además de las citas, es difícil determinar el número de “alusiones”. Algunas listas recogen entre 400 y 4,000 alusiones del AT en el NT. Nicole señala: “Por lo tanto, se puede afirmar, sin exagerar, que más del 10 % del texto del Nuevo Testamento está compuesto por citas o alusiones directas al Antiguo Testamento. De los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento, solo nueve no se mencionan expresamente en el Nuevo Testamento”.[7] En consecuencia, existe una amplia bibliografía que ilustra los métodos interpretativos de Jesús y de los autores del NT.[8] Por lo tanto, determinar el número exacto de citas y alusiones no es fundamental para comprender la cuestión. Lo que sí es importante es cómo se utilizan, lo que nos lleva al tema de la autoridad.
Autoridad de las referencias del Antiguo Testamento
El AT era la Biblia de Jesús y de los primeros discípulos. Creían en él, lo citaban y lo interpretaban. Del análisis del uso que Jesús hacía del AT se pueden extraer varias conclusiones. Los relatos evangélicos recogen que Jesús trataba sistemáticamente las narraciones históricas del AT como relatos objetivos de hechos reales.[9] Jesús solía elegir como base de su enseñanza precisamente aquellas historias que la mayoría de los críticos modernos consideran inaceptables. Las alusiones a Abel, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y David, por ejemplo, parecen todas ellas intencionadas y se entendían como referencias a personas reales y acontecimientos históricos. Cuando Jesús aplicaba los relatos históricos, lo hacía partiendo del significado literal del texto. Su forma de interpretar el AT enfurecía a las autoridades religiosas. Jesús denunció los métodos destructivos de ciertos líderes religiosos que dejaban de lado la misma Palabra de Dios que afirmaban estar interpretando y la sustituían por sus propias tradiciones (Mt 15:1-9; Mr 7:6-13). Sin embargo, tras Su resurrección, Jesús también reveló que todo el contenido del AT, tanto Moisés como los Profetas, hablaba verdaderamente de Él (Lc 24:25-27).
Los apóstoles siguieron el ejemplo de su Señor al considerar el AT como la Palabra inspirada de Dios (2 Ti 3:16; 2 P 1:21). En al menos cincuenta y seis ocasiones, se hace referencia explícita a Dios como el autor del texto bíblico. Al igual que Cristo, aceptaron la veracidad histórica del AT (por ejemplo, Hch 7:9-50; 13:16-22; He 11). Como señala Roger Nicole,
Recurren a las Escrituras cuando debaten; recurren a ellas cuando se les pide que respondan a preguntas, ya sean serias o capciosas; recurren a ellas en relación con su enseñanza, incluso ante aquellos que no se sentirían inclinados a exigirles otras autoridades más allá de su propia palabra; recurren a ellas para explicar el propósito de algunas de sus propias acciones o su visión del designio de Dios en relación con los acontecimientos actuales; y recurren a ellas en sus oraciones.[10]
Los autores del NT atribuyen una autoridad incuestionable al AT. Al citar el AT con tanta frecuencia, los autores del NT demostraron su confianza en la autoridad absoluta de este. En ningún momento un autor del NT cuestiona ni rechaza la veracidad del pasaje del AT que cita.[11] La gran estima con la que los autores del NT consideraban el AT sugiere claramente que no habrían malinterpretado, ni consciente ni intencionadamente, las palabras que creían que Dios mismo había pronunciado.[12]
Cabe destacar que en todo el NT no aparece ni una sola cita explícita de ninguno de los libros apócrifos del AT, que la Iglesia católica romana considera canónicos.[13] Dicha omisión por parte de Jesús en sus citas del AT o por parte de los autores del canon del NT difícilmente puede considerarse accidental.[14]
La exactitud de las referencias del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento
Dado que los escritos del AT y del NT son infalibles (2 Ti 3:16, 17; 2 P 1:20, 21; Jn 17:17), la libertad que se observa en el uso del AT en el NT plantea numerosas cuestiones hermenéuticas. Una de las más frecuentes es: al citar el AT, el NT suele modificar la redacción original. ¿Cómo se puede justificar hermenéuticamente esa práctica?
En algunos pasajes en los que los autores del NT citan el AT, parecen modificar la redacción original. Las variaciones en el texto del AT citado en el NT se utilizan a menudo para socavar la infalibilidad y la autoridad de la Biblia. Además, para algunos críticos, estas alteraciones del texto hebreo indican un uso no auténtico y carente de autoridad del AT por parte del NT, lo que eliminaría elementos del verdadero cumplimiento profético. Este problema puede abordarse desde el punto de vista lingüístico y conceptual. Richard Longnecker, Roger Nicole y John Wenham proponen las siguientes soluciones lingüísticas.
En primer lugar, en la Palestina de la época de Cristo circulaban varias versiones del texto bíblico en hebreo, arameo y griego, y no todas tenían la misma redacción. Hay que tener en cuenta que las diferencias entre las versiones pueden deberse a alteraciones en la transmisión de las copias de la Septuaginta (LXX), aunque a menudo la LXX refleja el texto original.[15] Los autores del NT a menudo tenían que traducir sus citas de estos diferentes textos. Aunque una cita concreta de una de estas versiones pudiera no tener la misma redacción que los textos a partir de los cuales se han elaborado nuestras traducciones actuales, siguen representando una interpretación fiel del texto bíblico del que disponía el autor del NT. No olvidemos que el Espíritu Santo guiaba a estos autores del NT en aquella época (2 P 1:20-21); “El Espíritu de Dios tenía libertad para modificar las expresiones que Él mismo había inspirado en el Antiguo Testamento”.[16]
En segundo lugar, como señala John Wenham, no era necesario que los autores citaran los pasajes del AT palabra por palabra, a menos que afirmaran estar citándolos textualmente, sobre todo teniendo en cuenta que escribían en una lengua diferente a la de los textos originales del AT.[17] En el NT, a veces se parafraseaban las citas (¡como solemos hacer nosotros cuando predicamos!). Los autores del NT a menudo se limitaban a aludir a pasajes del AT sin intentar citarlos, o bien podían haber recogido citas realizadas por otros. Además, los autores del NT no seguían las mismas normas de citación que se aplican hoy en día en los trabajos académicos.[18]
En tercer lugar, en la vida cotidiana, el hecho de no recurrir a citas es señal de que se domina el tema; cuanto más seguros están los oradores de que comprenden el significado de un autor, menos miedo tienen a exponer esas ideas con palabras que no sean exactamente las del autor.[19] Por lo tanto, el hecho de que los autores del NT a veces parafrasearan o citaran indirectamente el AT no indica en modo alguno que utilizaran métodos interpretativos inexactos o ilegítimos.
Enfoques sobre el uso del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento
El uso que hace el NT del AT que probablemente suscita más interrogantes en lo que respecta a la metodología hermenéutica (la exégesis de los pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento) es el de los pasajes de cumplimiento. En algunos casos, a veces parece que el autor del NT ofrece una interpretación de estos versículos diferente de la intención original del autor del AT.
Parece que hay tres cuestiones importantes que constituyen el núcleo del tema del uso del AT en el NT. (1) ¿Qué efecto tuvieron fenómenos no canónicos, como la teología judía intertestamentaria y la hermenéutica judía, en la interpretación apostólica del AT? (2) ¿Qué efecto tuvieron los acontecimientos de la vida y el ministerio de Jesús, especialmente su muerte, resurrección y ascensión, en la interpretación apostólica del AT? (3) Si la revelación anterior sienta las bases para la revelación posterior (un principio básico del dispensacionalismo), ¿qué influencia ejerce la revelación posterior (es decir, el NT) sobre la revelación anterior (es decir, el AT)? ¿Es la tipología una respuesta hermenéutica legítima?
Antecedentes judíos, términos hermenéuticos y cuestiones derivadas
Resulta útil conocer un poco el contexto histórico y comprender algunos términos hermenéuticos relacionados con este debate. En la época de Cristo, los métodos de interpretación judíos podían clasificarse en cuatro tipos principales: literal, midráshico, pesher y alegórico.[20]
- El método literal de interpretación, conocido como peshat, parece haber servido de base para otros tipos de interpretación.
- Midrash proviene del verbo hebreo darash, que significa “investigar”. El midrash, por tanto, hace referencia a una investigación o una exposición. El objetivo principal del midrash era destacar y explicar la relevancia de las enseñanzas de las Escrituras en circunstancias nuevas y cambiantes. Gran parte de esta interpretación midráshica está recogida en la Mishná, una recopilación de comentarios rabínicos compilada alrededor del año 200 d. C., y en los Talmudes babilónico y palestino. Al centrarse en la identificación de significados ocultos, la exégesis midráshica a menudo perdía de vista el significado literal del texto.
- La interpretación pesher se practicaba principalmente entre la comunidad de Qumrán. Esta forma se inspiraba en gran medida en las prácticas midráshicas, pero incluía un importante enfoque escatológico (relativo al fin de los tiempos). La comunidad creía que todo lo que habían escrito los antiguos profetas tenía un significado profético velado que se cumpliría de forma inminente a través de su comunidad.[21] La interpretación pesher solía indicarse con la expresión “esto es aquello”, lo que significaba que “este fenómeno actual es el cumplimiento de aquella antigua profecía”.
- La interpretación alegórica se basaba en la idea de que, bajo el significado literal de las Escrituras, se escondía el verdadero significado.[22] Históricamente, la interpretación alegórica había sido desarrollada por los griegos porque los mitos sobre sus dioses contenían muchos elementos inmorales o inaceptables por otros motivos; es decir, los mitos no debían entenderse de forma literal, sino como relatos cuya verdadera esencia se encontraba en un nivel más profundo. En la época de Cristo, los judíos que deseaban permanecer fieles a la tradición mosaica y, al mismo tiempo, adoptar la filosofía griega se enfrentaban a una tensión similar. Algunos judíos resolvieron este dilema alegorizando la tradición mosaica. Filón (hacia el año 20 a. C. – 50 d. C.) es muy conocido por ello.
En lo que respecta a la hermenéutica judía, parece que los escritores del NT emplearon algunas de sus técnicas. Es evidente que los autores del NT, que eran judíos del siglo I, utilizaron el peshat (interpretación literal) en su relación con el AT. Sin embargo, las perspectivas hermenéuticas clave que se encuentran en el NT (es decir, la perspectiva Cristológica, la solidaridad colectiva y la presencia de un modelo divino) no procedían de la hermenéutica judía, sino más bien del AT o de los acontecimientos de la vida de Cristo (por ejemplo: la imagen cada vez más amplia —a través de la revelación progresiva— del Mesías; Él no es solo un rey victorioso, sino también un sufriente). Al parecer, estos acontecimientos proporcionaron a los apóstoles una comprensión más completa de las promesas y profecías del AT relativas a Cristo. (Véase: Jn 2:22; 12:16; 20:9; Lc 24:25-26; 44-45, y esp. Lc 4:18-19; véase también Sal 2:1-2 junto con Hch 4:25-31, donde el término Señor se refiere ahora a Jesús, no a YHWH). Debemos evitar una identificación excesiva o poco clara entre la hermenéutica del cristianismo primitivo y el judaísmo del siglo I.
Enfoque no dispensacionalista
¿El uso que hicieron Jesús y los autores del NT de las citas y alusiones al AT tenía por objeto servir como método hermenéutico normativo y proporcionar a los intérpretes de la época postapostólica un modelo para su propia exégesis? Para plantear la pregunta de otra forma: “¿Somos libres hoy en día de reproducir la exégesis y los métodos hermenéuticos de los autores del NT?”.
Debemos reconocer que los primeros padres de la Iglesia (por ejemplo, de la era patrística), en su mayoría, eran chiliastas (premilenialistas en su escatología), mientras que, al mismo tiempo, muchos eran supersesionistas (es decir, defendían que la Iglesia sustituye a Israel; lo que también se conoce como teología del reemplazo). Hoy en día, muchos no dispensacionalistas creen que la Iglesia ha sustituido a Israel. Llegan a esa conclusión alegando que, mediante la tipología, muchas de las referencias del AT a Israel deben entenderse como tipológicas de la Iglesia.
Muchos partidarios de la teología del pacto afirman que interpretan la Biblia de forma literal en todo momento. Sin embargo, su concepción de cómo funciona la hermenéutica literal es diferente. Cuando afirman interpretar la Biblia literalmente, lo que quieren decir es que la interpretan de forma no alegórica y de acuerdo con el significado que el autor pretendía transmitir, lo que admite el uso de un lenguaje figurado o simbólico, abriendo así la posibilidad de una interpretación no literal o espiritual, especialmente en lo que respecta a los textos proféticos del AT. Sostienen que la interpretación literal exige que muchas de las referencias del AT a Israel se entiendan como tipológicas de la Iglesia. En consecuencia, incluso en una interpretación literal, dado el principio de tipología que los dispensacionalistas sin duda aceptan, muchas de las referencias del AT a Israel deben interpretarse como referidas a la Iglesia. Si ambos sistemas afirman una interpretación histórico-gramatical, ¿a qué se deben las diferencias entre ellos? La respuesta que dan la mayoría de los autores se explica por la prioridad que se otorga al AT o al NT. Benjamin Merkle explica:
Aunque los dispensacionalistas y los del pacto coinciden en que el Nuevo Testamento cumple el Antiguo Testamento, estos últimos [los del pacto] tienden a hacer hincapié en que el Nuevo Testamento tiene prioridad a la hora de interpretar el Antiguo Testamento, mientras que los primeros [los dispensacionalistas] parten del Antiguo Testamento y avanzan hacia el Nuevo Testamento, pero advierten contra la reinterpretación del Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento… Dado que los del pacto tienden a hacer hincapié en la prioridad del Nuevo Testamento, permiten que la revelación posterior dé forma a su interpretación del Antiguo Testamento.[23]
La cuestión de la prioridad del NT sobre el AT ha sido defendida por los no dispensacionalistas durante décadas. Esta idea aparece en la obra de George E. Ladd cuando escribe:
El hecho es que el Nuevo Testamento interpreta con frecuencia las profecías del Antiguo Testamento de una manera que no sugiere el contexto del Antiguo Testamento… La idea principal…es que muchos pasajes del Antiguo Testamento que, en su contexto histórico, se aplicaban literalmente a Israel, se han aplicado en el Nuevo Testamento a la Iglesia. El Antiguo Testamento no previó claramente cómo se cumplirían sus propias profecías. Se cumplieron de formas totalmente imprevistas por el propio Antiguo Testamento e inesperadas para los judíos… El Antiguo Testamento es interpretado por el Nuevo Testamento… Aquí radica la diferencia fundamental entre una teología dispensacionalista y una no dispensacionalista. El dispensacionalismo construye su escatología a partir de una interpretación literal del Antiguo Testamento y, a continuación, adapta el Nuevo Testamento a ella. Una escatología no dispensacionalista construye su teología a partir de la enseñanza explícita del Nuevo Testamento.[24]
Del mismo modo, Ken Gentry, que defiende un enfoque tradicional de la teología del pacto, cree que “el exégeta cristiano debe permitir que el Nuevo Testamento interprete el Antiguo Testamento…Este enfoque de la interpretación bíblica permite que la revelación concluyente de Dios en el Nuevo Testamento interprete con autoridad la revelación incompleta del Antiguo”. Esta sería una afirmación acertada si Gentry se refiriera a que las Escrituras se fueron ampliando a lo largo de la historia (revelación progresiva) a medida que se añadían más detalles y explicaciones, de tal manera que no se alterara el significado de un pasaje original del AT mediante una reinterpretación en el NT (es decir, que la Iglesia sustituyera a Israel en los pasajes del AT). Pero eso no es lo que quiere decir Gentry. Su enfoque es la denominada hermenéutica “gramatical-histórica-teológica”, según la cual se cree que el NT proporciona una base teológica para cambiar el significado original del AT.[25]
Los no dispensacionalistas parten de la premisa de que el NT debe interpretar o reinterpretar el AT. El fallo de la interpretación no dispensacionalista en este punto radica en que su visión de la tipología (o, mejor dicho, su malentendido de la tipología) ignora o minimiza el significado del pasaje del AT en su propio contexto. Por el contrario, tergiversan la hermenéutica del dispensacionalismo al afirmar que este da prioridad al AT sobre el NT. No es así. Michael Vlach, en su defensa del dispensacionalismo, explica:
Los dispensacionalistas defienden la “prioridad del pasaje”, según la cual el significado principal de un pasaje se encuentra en el propio pasaje y no en otros pasajes. Los dispensacionalistas no creen en la prioridad de un testamento sobre el otro (aunque el Nuevo Testamento sea más completo), sino que simplemente piden que se respete la integridad de cada pasaje de cada testamento sin que su significado quede anulado por el de otros pasajes. El Nuevo Testamento ofrece una revelación más reciente, pero no contradice ni anula el significado de los pasajes anteriores del Antiguo Testamento.
Los que no son dispensacionalistas suelen afirmar que el verdadero significado de los pasajes del Antiguo Testamento se encuentra en el Nuevo Testamento. Al parecer, el Nuevo Testamento y el “canon más amplio” revelan los verdaderos significados de los textos del Antiguo Testamento, que pueden diferir del significado original.
El dispensacionalismo defiende la “prioridad del pasaje”. Esto significa que el significado de cualquier pasaje bíblico se encuentra en ese mismo pasaje…Por eso Dios incluyó ese texto en la Biblia. Una revelación posterior puede comentar un pasaje, extraer principios o significados del mismo, o relacionar una promesa del Antiguo Testamento con su cumplimiento en el Nuevo, pero la revelación posterior no reinterpreta ni cambia el significado de la revelación anterior…La inspiración divina lo garantiza…La unidad de las Escrituras se aplica a la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento…Toda la Escritura está inspirada y contribuye a la historia de Dios. Y dado que Dios es el Autor de toda la Escritura, existe una cohesión y una armonía inherentes a todos los textos bíblicos. Puesto que Dios acertó con toda la Escritura desde el principio, no hay necesidad de que los pasajes bíblicos posteriores reinterpreten los textos bíblicos anteriores… Si la revelación posterior anula el significado de la revelación anterior, ¿cuál fue el propósito de la revelación anterior? …En la práctica, esto significa que, cuando estudias un texto, independientemente de dónde se encuentre, puedes estudiarlo en su propio contexto sabiendo que su significado se encuentra allí y que ese significado contribuye a los propósitos de Dios. Además, ese significado armoniza perfectamente con la revelación posterior y con la trama de la Biblia en su conjunto.[26]
Los distintos enfoques que se plantean hoy en día
En el ámbito evangélico no existe consenso sobre cuál es el enfoque adecuado, aunque varios libros y artículos han intentado clasificar los distintos enfoques. Es posible que los lectores estén familiarizados con algunos de ellos. En 1985/86, Darrell Bock publicó una serie de dos partes en la revista Bibliotheca Sacra, que posteriormente se reimprimió en Rightly Divided (1996), editado por Roy Zuck. Bock identificó cuatro enfoques sobre el uso del AT en el NT. Durante la década siguiente, Douglas Moo publicó artículos en los que exponía su punto de vista. Robert Thomas publicó su libro, Evangelical Hermeneutics: The New Versus the Old (Hermenéutica evangélica: el Nuevo frente al Antiguo), en 2002. Posteriormente, en 2008, se publicó Three Views on the New Testament Use of the Old Testament (Tres perspectivas sobre el uso del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento), editado por Kenneth Berding y Jonathan Lunde.
El libro de Michael Vlach publicado en 2021, The Old in the New (El Antiguo en el Nuevo), esbozaba siete perspectivas o enfoques principales sobre cómo los autores del NT utilizan los textos del AT. El autor describía cada una de estas posturas y, además, analizaba todos los pasajes. A continuación se ofrece una visión general concisa de cada postura, con sus aspectos positivos y negativos, junto con los estudiosos más representativos y ejemplos ilustrativos.

La postura de este artículo
Estoy firmemente convencido de que la gran mayoría de los lectores de la revista Voice —debido a su creencia en la infalibilidad de la Biblia; en la interpretación literal (normal) y gramatical-histórica de las Escrituras; el concepto de revelación progresiva; y las distinciones entre Israel y la Iglesia; y porque tienen un enfoque dispensacionalista respecto a la trama de la Biblia (dispensacionalistas en su teología)— se identificaría con el enfoque de “un solo significado, múltiples significaciones” o “uso contextual consistente del AT por parte de los escritores del NT”.
Esta postura es similar a la de Walter Kaiser y Abner Chou, y la comparten Michael Vlach y el autor de este artículo (Burggraff). Vlach resume brevemente este enfoque:
En resumen, creo que los autores del Nuevo Testamento y los personajes que en él aparecen citaban y utilizaban el Antiguo Testamento de forma coherente y contextual. Ya fuera para explicar el significado de un pasaje del Antiguo Testamento o para extraer conclusiones o significados de un texto del Antiguo Testamento, los personajes y autores del Nuevo Testamento citaban el Antiguo Testamento de manera coherente con los significados originales de los autores del Antiguo Testamento.[27]
Vlach enumera trece ideas o principios que sustentan la interpretación de este punto de vista y, a continuación, dedica varios capítulos a explicarlo (más de 110 páginas, con ejemplos de pasajes del AT y del NT). Destacaré varios principios que debemos tener en cuenta (de esa lista de trece) para comprender el uso que hace el NT del AT.
Los autores de la Biblia, tanto del AT como del NT, escribieron bajo la inspiración del Espíritu Santo; cada pasaje de las Escrituras tiene un autor humano y otro divino (es decir, “doble autoría”).
- Cada pasaje de la Biblia, incluidos los del AT, tiene un único y exclusivo significado. Esto corrobora el artículo VII de la “Declaración de Chicago sobre hermenéutica”, que dice: “Afirmamos que el significado expresado en cada texto bíblico es único, definido y fijo. Negamos que el reconocimiento de este significado único elimine la variedad de aplicaciones”.
- El significado está vinculado a la intención del autor; por lo tanto, el significado reside en lo que el autor quiso decir.
- Bajo inspiración, el significado de un pasaje del AT tal y como lo concibió el autor humano es el significado de Dios; no hay significados divinos ocultos o adicionales en un texto más allá de lo que pretendía el autor humano (es decir, no existe el sensus plenior).
- La confluencia de la autoría humana y la divina no implica necesariamente que haya significados dobles u ocultos; por el contrario, lo que el autor humano pretendía es lo que Dios pretendía en ese punto del texto.
- El progreso de la revelación hace innecesaria la teoría de un significado más completo u oculto, o sensus plenior; cuando Dios quiso añadir una revelación adicional, lo hizo inspirando a los autores posteriores de las Escrituras para que escribieran esa revelación.
- Además del significado, un pasaje bíblico puede tener implicaciones que incluyen significaciones y aplicaciones, que derivan del significado que el autor quiso transmitir en el texto.
- El hecho de que Dios comprenda todas las implicaciones y aplicaciones de un pasaje del AT que el autor de dicho pasaje no previó no significa que haya significados ocultos en un texto del AT.
- Cuando los autores del NT citan o aluden a los escritos del AT, no solo se centran en el significado; en ocasiones también se basan en las implicaciones y aplicaciones; el contexto determinará si un autor del NT está enfatizando el significado o la significación del AT.
- Cuando en el NT se extrae una implicación o significación de un pasaje del AT, esto es coherente con el significado que le da el autor del AT y sigue la línea de ese significado.
Resumen de cómo utilizaron el Antiguo Testamento los autores del Nuevo Testamento
Si aceptamos los principios anteriores, los autores del NT utilizaron los pasajes del AT de las siguientes maneras.
Cumplimiento directo
Profecías del AT que se han cumplido explícitamente en Cristo o en la Iglesia. (El texto del AT no tiene un referente contemporáneo, sino que apunta a un cumplimiento directo de una profecía o promesa del AT en un acontecimiento o una persona concretos del NT.)
Ejemplo: Isaías 53 se cumplió en Cristo (1 P 2:22-24).
Cumplimiento tipológico
Las personas, los acontecimientos o las instituciones del AT sirven como tipos que apuntan a realidades superiores en Cristo.
Ejemplo: El éxodo de Israel (Os 11:1) se cumplió tipológicamente en el regreso de Jesús de Egipto (Mt 2:15).
Uso analógico/ilustrativo
Pasajes del AT utilizados como analogías o ejemplos sin alterar su significado original.
Ejemplo: El uso que hace Pablo de la fe de Abraham en Romanos 4.
Aplicación de principios del AT
Los autores del NT aplican los principios morales o teológicos del AT a los contextos del NT.
Ejemplo: Pablo cita Deuteronomio 25:4 (“No pondrás bozal al buey mientras trilla”) en 1 Corintios 9:9 para defender el trato justo a los ministros.
Reaplicación escatológica
Las promesas escatológicas del AT reaplicadas al reino de Cristo y la esperanza futura.
Ejemplo: Hechos 15:16-17, donde se cita Amós 9:11-12 sobre la inclusión de los gentiles.
Uso midráshico/expositivo
Los autores del NT a veces amplían o interpretan los textos del AT de una forma similar al midrash judío.
Ejemplo: La extensa exposición que Hebreos hace del Salmo 95.
Alusiones y ecos
Referencias sutiles al lenguaje o a los temas del AT sin citas directas.
Ejemplo: El Evangelio de Juan hace eco de Génesis 1 (“En el principio…”).
Lo cual nos lleva a formular las siguientes observaciones:
Los autores del NT utilizan el AT de diversas maneras: no solo como predicción o cumplimiento, sino también como tipología, ilustración y aplicación teológica.
Cristo es el centro: ya se trate de una profecía directa o de un patrón tipológico, el AT alcanza su culminación en Jesús.
Continuidad y desarrollo: los autores del NT respetan el significado original del AT, al tiempo que muestran cómo este encaja en la historia canónica más amplia de las Escrituras (es decir, el hilo conductor de la Biblia).
Flexibilidad: No existe un único método que explique todos los usos del NT; por el contrario, se necesitan varias categorías (es decir, un enfoque ecléctico).
Conclusión
El uso que Jesús hizo del AT en los relatos evangélicos, ya fuera mediante citas directas o alusiones al mismo, demostró la autoridad del AT como Palabra de Dios. Bajo la inspiración y la supervisión del Autor Divino (Jn 14:26; 15:26-27; 16:12-15; 1 Co 2:10-13; 2 P 1:20-21), los escritores del NT pusieron de manifiesto un vínculo semántico entre ambos testamentos mediante el uso contextual del AT en el NT. Hemos visto que los escritores del NT, bajo la inspiración del Espíritu Santo, utilizaron el AT de diversas maneras. Por lo tanto, el NT no modificó ni reinterpretó el significado de la revelación dada anteriormente por Dios.
Los autores del NT consideraban que la nueva era en Jesús era una continuación de la trama presentada en el AT, no una reinterpretación de la historia. Jesús es el centro de la historia y el medio para el cumplimiento de todas las cosas. Pero no hay reinterpretación, trascendencia ni transformación de la narrativa del AT. Ni Jesús ni los autores del NT nos proporcionaron un método hermenéutico que nos diera libertad para cambiar (como proponen Ladd y otros no dispensacionalistas) o reinterpretar el significado que los autores del AT pretendían transmitir en sus pasajes, basándonos en el uso que se hace de ellos en el NT. El NT se asienta sobre el mensaje del AT, a veces aportando nueva información, pero sin ofrecer reinterpretaciones.
NOTAS
[1] Dictionary of the New Testament Use of the Old Testament, eds. G. K. Beale, D. A. Carson, Benjamin L. Gladd, y Andrew D. Naselli (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2023), xv. Describí esta obra como “monumental”, tiene 964 páginas. Considera otra obra igualmente extensa, Commentary on the New Testament Use of the Old Testament, eds. G. K. Beale and D. A. Carson (Grand Rapids, MI: Baker, 2007), que supera 1,230 páginas. Decenas de académicos contribuyeron a ambos volúmenes, lo que demuestra el gran interés que este campo de estudio despierta en la actualidad. La extensión de estas dos obras por sí solas, sumando a otras que se citarán en este artículo, demuestra que un estudio exhaustivo del tema está muy por encima del alcance de este artículo.
[2] Charles Ryrie, Dispensationalism (Chicago, IL: Moody, 2007; reimpresión y actualización de Dispensationalism Today, 1966), 48; ver especialmente 46-48, y 143-168.
[3] W. Edward Glenny, “The Israelite Imagery of 1 Peter 2”, en Dispensationalism, Israel and the Church, eds. Craig A. Blaising and Darrell L. Bock (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1992), 156.
[4] Dos recursos especialmente útiles sobre este tema son: Abner Chou, The Hermeneutics of the Biblical Writers (Grand Rapids, MI: Kregel Academic, 2018), y David L. Turner, Interpreting the Gospels and Acts: An Exegetical Handbook (Grand Rapids, MI: Kregel Academic, 2019).
[5] Roger Nicole, “New Testament Use of the Old Testament”, en Rightly Divided: Readings in Biblical Hermeneutics, ed. Roy B. Zuck (Grand Rapids, MI: Kregel, 1996), 183.
[6] Michael Vlach, The Old in the New: Understanding How the New Testament Authors Quoted the Old Testament (The Woodlands, TX: Kress Biblical Resources, y Sun Valley, CA: The Master’s Seminary Press, 2021), vi.
[7] Nicole, “New Testament Use of the Old Testament”, 183.
[8] Ver Beale y Carson, Commentary on the New Testament Use of the Old Testament; Kugel, James L. y Rowan A. Greer, Early Biblical Interpretation (Philadelphia, PA: Westminster Press, 1986); y especialmente Abner Chou, The Hermeneutics of the Biblical Writers: Learning to Interpret Scripture from the Prophets and Apostles (Grand Rapids, MI: Kregel Academic, 2018).
[9] John W. Wenham, Christ and the Bible, 3ª ed. (Eugene, OR: Wipf & Stock, 2009), 17-18.
[10] Roger Nicole, “Old Testament Quotations in the New Testament”, en Hermeneutics, ed. Bernard Ramm (Grand Rapids, MI: Baker, 1971), 46-47.
[11] Roy B. Zuck, Basic Bible Interpretation (Wheaton, IL: Victor Books, 1991), 252.
[12] Roy Zuck observa que “varias declaraciones hechas por Dios en el Antiguo Testamento son llamadas ‘Escritura’ por los escritores del Nuevo Testamento, demostrando así que ellos identificaban el Antiguo Testamento con las palabras de Dios”, como ejemplo Ro 9:17, citando Éx 9:16; Gá 3:8 citando Gn 12:3. Ver Basic Bible Interpretation, 252-53.
[13] Ronald Youngblood, “Old Testament Quotations in the New Testament”, en Rightly Divided, ed. Zuck, señala: “Generalmente se reconoce que el Nuevo Testamento nunca cita los libros apócrifos, aunque algunos han identificado alusiones a ellos aquí y allá. Judas 14 cita el escrito pseudoepigráfico 1 Enoc 1:9. Sin embargo, tales citas y alusiones no confieren estatus canónico a los apócrifos ni a los pseudoepígrafos, del mismo modo que la cita que Pablo hace de Arato en Hechos 17:28 tampoco le confiere tal estatus”.
[14] Nicole, “New Testament Use of the Old Testament”, 184.
[15] Richard N. Longenecker, Biblical Exegesis in the Apostolic Period, 2ª ed. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1999), 49.
[16] Nicole, “New Testament Use of the Old Testament”, 195.
[17] Wenham, Christ and the Bible, 97-98; ver también Nicole, “New Testament Use of the Old Testament”, 188-190.
[18] Nicole, “New Testament Use of the Old Testament”, 190-195.
[19] Wenham, Christ and the Bible, 98.
[20] Longenecker, Biblical Exegesis, 14-35.
[21] Ibíd., 39.
[22] Bernard Ramm, Protestant Biblical Interpretation, 24.
[23] Benjamin Merkle, Discontinuity to Continuity: A Survey of Dispensational & Covenantal Theologies (Bellingham, WA: Lexham Press, 2020), 8-9. Las cursivas son mías para dar énfasis.
[24] George E. Ladd, “Historic Premillennialism”, en The Meaning of the Millennium: Four Views, ed. Robert G. Clouse (1977), 20-21, 27.
[25] Ver Kenneth Gentry, He Shall Have Dominion: A Postmillennial Eschatology, 1992, p. 156. Esto es sostenido también por autores actuales de la teología del pacto, como se expresa en Covenantal and Dispensational Theologies: Four Views on the Continuity of Scripture, eds. Bret E. Parker y Richard J. Lucas (Downers Grove, IL: IVP, 2022).
[26] Michael J. Vlach, Dispensationalism: Essential Beliefs and Common Myths (Los Angeles, CA: Theological Studies Press, 2017), 87-89; y Dispensational Hermeneutics: Interpretation Principles that Guide Dispensationalism’s Understanding of the Bible’s Storyline (Theological Studies Press, 2023), 35-39. Ver también Paul Feinberg, quien igualmente sostiene que los dispensacionalistas no proponen dar prioridad al Antiguo Testamento sobre el Nuevo Testamento. Feinberg afirma: “la Economía del Antiguo Testamento no debe imponerse al Nuevo Testamento. Debe reconocerse el auténtico progreso en la revelación divina y de la historia de la salvación. Por otra parte, es un error igualmente grave imponer el Nuevo Testamento sobre el Antiguo Testamento, como si fuera necesario ‘cristianizarlo’”. Paul Feinberg, “Hermeneutics of Discontinuity”, en Continuity and Discontinuity: Perspectives on the Relationship Between the Old and New Testaments, ed. John S. Feinberg (Wheaton, IL: Crossway, 1988), 127.
[27] Vlach, The Old in the New, 61. Recomiendo este libro como lectura obligatoria para mis estudiantes de seminario y, considero, también para los predicadores. Se analiza cada cita del Antiguo Testamento (y toda alusión identificable) en el Nuevo Testamento; por ello, es un excelente “manual” para predicadores y maestros.
[N. del E.: todos los pasajes bíblicos de este artículo fueron tomados de La Biblia de las Américas (LBLA)]
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Edición: Marzo/Abril 2026.