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Cómo utilizar la oración en tu ministerio

Por Dr. Larry Overstreet

BA de Bob Jones University, MDiv de San Francisco Baptist Theological Seminary, MA y PhD de Wayne State University.

Hemos soportado meses de “confinamientos”, “mascarillas” y “distanciamiento social” durante la pandemia de coronavirus de 2020. Algunos investigadores plantean que sus efectos se prolongarán hasta bien entrado el año 2021 y quizá más allá.[1] Teniendo en cuenta sus repercusiones a escala mundial, podemos dar por seguro que, por muy prudentes que sean los Estados Unidos (o cualquier otro país), la Iglesia seguirá viéndose afectada por este virus. Si China hubiera sido más estricta en el cumplimiento de las medidas desde el principio, el virus se habría podido contener en gran medida. La tardanza de ese país a la hora de tomar medidas de precaución ha provocado que los efectos del virus se hayan extendido por todo el mundo.

Por la gracia de Dios, la mayoría de los descuidos en materia de precaución no tienen repercusiones físicas adversas a escala mundial. Sin embargo, cuando los cristianos, especialmente los pastores y líderes de iglesias que creen en la Biblia, fallan en su vigilancia espiritual, estamos jugando con el desastre espiritual, al igual que China jugó con las repercusiones internacionales. Un ámbito importante en el que nunca debemos descuidarnos es nuestra vida de oración, tanto en nuestra vida personal como en nuestro ministerio de la Palabra de Dios. Este artículo destaca dos aspectos en los que la oración no debe descuidarse en tu ministerio.

 

Debemos permanecer vigilantes, en oración, en momentos de crisis personales (Mt 26:37-41)

Las crisis marcaron las vivencias del Señor en Getsemaní la noche anterior a Su crucifixión. Al enfrentarse a esa noche, eligió a Su “círculo más cercano”, formado por Pedro, Santiago y Juan, para que estuvieran con Él. Esos eran los discípulos de los que Jesús esperaba recibir el mayor apoyo en Su hora de prueba, del mismo modo que nosotros tenemos amigos y familiares de quienes esperamos que nos animen y nos ayuden en nuestros momentos de crisis. Y sí, los pastores y los líderes de la iglesia se enfrentan sin duda a momentos de crisis en sus vidas personales. Jesús necesitaba su apoyo, ya que soportaba una gran angustia interior en su alma, una angustia que ninguno de ellos había visto antes. Jesús deseaba que permanecieran cerca de Él y que velaran, es decir, “que estuvieran constantemente preparados, en guardia”,[2] estar atentos a Él en oración mientras Él oraba por Sí mismo. Al igual que Jesús soportó la mayor prueba de Su vida terrenal antes de la cruz, también nosotros podemos pasar por grandes pruebas. Estas pueden incluir la muerte de un ser querido, la pérdida del empleo, el abandono por parte de la familia, el descarrío de un hijo o incluso la COVID-19; pero sea cual sea la prueba, a la mayoría de nosotros nos resulta más fácil soportarla si contamos con alguien que esté realmente a nuestro lado, intercediendo constantemente por nosotros ante el Señor. Este es el poder y la bendición de la oración.

En marcado contraste con los discípulos durante su momento de crisis, Jesús nunca dudó de la constante cercanía de su Padre (Mt 26:39). Oró: “Padre mío”, incluso en ese momento de terrible angustia. Se sometió plenamente a la voluntad del Padre. Entonces, regresó junto a los tres discípulos y “los halló durmiendo” (26:40), en lugar de encontrarlos velando y apoyándole con atención. Aunque Mateo no especifica exactamente por qué dormían, Lucas lo aclara: Jesús “fue a los discípulos y los halló dormidos a causa de la tristeza” (Lc 22:45). Los discípulos se habían visto tan abrumados por su propio dolor, a causa de todo lo que Jesús les había revelado anteriormente, que estaban agotados físicamente; no les quedaban fuerzas para preocuparse por Su dolor y Su aflicción. A veces, los creyentes pueden estar tan centrados en sus propias circunstancias que no logran apoyar a los demás en momentos de necesidad.

En ese momento, Jesús se dirigió directamente a Pedro (Mt 26:40), pero habló a los tres, ya que el “pudisteis” del versículo es plural. Su pregunta reprende su incapacidad para permanecer en oración y estar atentos a Él ni siquiera durante una breve hora. A continuación, Jesús pasó a abordar un tema vital en la vida de los discípulos y en la nuestra. No solo tenían que estar en oración y alerta por Él, sino que también debían velar en oración por sí mismos (26:41). No sabían lo que les esperaba, pero la realidad era que ellos también se enfrentarían pronto a crisis. Del mismo modo, debemos preguntarnos: “¿Qué crisis podría avecinarse en mi vida? ¿En el ministerio de mi iglesia? ¿Estoy orando ahora para pedirle a Dios su fuerza para afrontarla cuando llegue?”. Quizá hayas oído esta idea: “Anímate, las cosas podrían ir peor. Así que me animé. Y, efectivamente, fueron a peor”. ¿Cómo podemos prepararnos de antemano para afrontar lo “peor” cuando llegue? Las palabras del Señor: “el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26:41) nos dan una pista. Sus palabras de que “la carne es débil” nos advierten de que nunca debemos confiar en nuestras propias capacidades (cf. Mt 26:33). Nuestra mera confianza en nosotros mismos revela lo poco que realmente sabemos sobre la debilidad de nuestra carne, incluso cuando tenemos un deseo interior adecuado (“el espíritu está dispuesto”). “La condición humana se caracteriza por la incapacidad de hacer lo que el espíritu pueda desear. Las buenas intenciones no son suficientes, ya que la carne debe ser fortalecida por Dios mismo para que el siervo de Dios sea lo que debe ser”.[3] El resultado de la indiferencia y la actitud de autosuficiencia de los discípulos fue que enseguida volvieron a dormirse (26:43) y, poco después, todos huyeron (26:56).

Este ejemplo concreto de los tres discípulos más cercanos a Jesús nos ilustra la importancia vital de estar atentos en la oración. Esto debe formar parte de nuestras propias vidas personales, y debemos animar a quienes forman parte de nuestros ministerios a que se mantengan alertas en la oración, ya sea en grupos pequeños, en las clases de la escuela dominical, en los servicios de culto de la iglesia o ante los espectadores en línea. Los momentos de crisis llegan. La actual crisis de la COVID-19 debería pasar algún día. Pero sin duda otra crisis ocupará su lugar en nuestras vidas y en nuestras iglesias. Es posible que esa crisis venidera no sea una pandemia mundial. Puede que sea de otra índole, ya sea nacional o global. Puede que sea mucho más personal e individual. Como somos personas pecadoras que vivimos en un mundo bajo la maldición del pecado, podemos estar seguros de que continuarán surgiendo crisis. Independientemente de cuántas sean, de cuándo se produzcan y de cuánto duren, Dios sigue siendo fiel. Nuestra fortaleza debe provenir de las raíces de nuestra dependencia de Él a través de la oración.

Mantener una actitud de vigilancia en la oración en momentos de crisis personales es fundamental, pero no lo es todo. Además de las crisis de la vida personal, también se nos presentan ocasiones maravillosas en las que podemos servir a nuestro Señor difundiendo Su Palabra. Esas ocasiones también requieren estar atentos en la oración.

 

Debemos estar atentos, en oración, a las oportunidades de predicar (Col 4:2-4)

Pablo escribió la Carta a los Colosenses mientras se encontraba en “arresto domiciliario” en Roma (ver Hch 28:16-30), lo que supuso uno de sus momentos de crisis personal. Sin embargo, durante ese tiempo no se centró en su crisis personal, sino en el ministerio.

Pablo exhorta a los creyentes de Colosas a que se “dediquen” a la oración (4:2), una palabra que enfatiza fuertemente la perseverancia.[4] Mientras se dedican a la oración, también deben “mantenerse alerta” en la oración (la misma palabra que en Mt 26:38, 40, 41). Perseverar durante cierto tiempo en la oración produce cansancio, por lo que mantenerse alerta es un componente necesario. ¿Cómo podemos mantenernos alerta en la oración? Tres elementos pueden ayudarnos: 1) despejar nuestra mente de otros asuntos, 2) meditar más en la Palabra de Dios, y 3) practicar la oración en momentos “inusuales”. El énfasis de Pablo en la acción de gracias del versículo 2 puede relacionarse con este tercer elemento en particular. Piensa en un problema específico de tu vida; ahora, da gracias a Dios por él, porque te está haciendo más semejante a Cristo, te está haciendo confiar más en Dios y te está llevando a Su presencia, tal y como se revela en Su Palabra.

Tras haber exhortado a los colosenses a orar, Pablo presta especial atención a la oración por su ministerio de predicación y por el de sus colaboradores (4:3).[5] ¡Piénsalo! El gran apóstol Pablo, representante oficial de Jesucristo, fundador de iglesias y autor de las Escrituras —ese mismo apóstol Pablo— necesitaba las oraciones de los demás para llevar a cabo su ministerio fielmente. La realidad es que todos los que participamos en el ministerio de la Palabra de Dios necesitamos desesperadamente el apoyo constante y fiel de las oraciones del pueblo de Dios. A esto debemos añadir también la oración por nosotros mismos, para que seamos capacitados por el Espíritu de Dios en ese ministerio (Lc 11:13).[6]

¿Qué tipo de oración concreta desea Pablo? Recordemos que se encuentra detenido en Roma, constantemente bajo vigilancia (Hch 28:16) y encadenado (Ef 6:20), pero no pide oración por nada de eso. Más bien, pide oración, en primer lugar, por una puerta abierta (Col 4:3). Pablo deseaba que se orara por una oportunidad para proclamar la Palabra de Dios, aunque esa fuera precisamente la razón por la que estaba encarcelado. La idea de Pablo —y la nuestra debería ser la misma— es orar para que se presente una oportunidad y, cuando lo haga, orar para que la aprovechemos y prediquemos la Palabra de Dios. En Efesios, Pablo añade la petición de que pueda tener “denuedo” al predicar (6:19).

En segundo lugar, Pablo pidió oración por una comunicación eficaz de la Palabra. Los predicadores pueden predicar de tal manera que los oyentes no capten el significado exacto. Eso tiene poco valor. En cambio, debemos orar, y pedir que otros oren por nosotros, para que el mensaje predicado sea “claro”, es decir, comprensible y evidente a simple vista. Mi objetivo es que mis mensajes sean comprensibles para niños de cuarto de primaria. Si ellos lo entienden, hay muchas posibilidades de que los adultos también lo entiendan. El objetivo es expresar con claridad el significado de la Palabra de Dios, no impresionar a la gente con nuestras grandes habilidades oratorias. En tercer lugar, Pablo pide oración para que pueda predicar tal y como “debe hablar”. La palabra “debe” implica que se trata de una obligación incondicional.[7] Tenemos que orar por nosotros mismos y pedir a los demás que oren por nosotros, para que prediquemos la Palabra de Dios de la manera correcta y no dejemos pasar ninguna oportunidad que Dios nos brinde.

¿Por qué deseaba Pablo ese tipo de oración? Piensa que, cuando oro por alguien, noto que me siento más unido a esa persona y que mi cariño por ella se hace cada vez más profundo. Además, cuando oro con alguien, descubro que se crea un vínculo que, por lo general, va más allá de una mera relación terrenal.

Estos dos momentos especiales de la vida, los momentos de crisis personales y los de oportunidades para predicar, exigen que prestemos especial atención a la oración. Como hijos de Dios, cada uno de nosotros debe orar constantemente por sí mismo y por los demás en todos esos momentos de crisis personal; esos momentos sin duda llegarán, y la oración nos permite enfrentarlos por la gracia de Dios y por medio de lo que Él ha provisto. Además, quienes estamos involucrados en el ministerio de nuestro Señor, ya sea en grupos pequeños, en clases de escuela dominical o como pastores y líderes de la iglesia, debemos estar atentos en oración a las puertas de oportunidad que Dios nos abre, y proclamar Su Palabra con el poder de Su Espíritu. Sabemos lo que hay que hacer. Ahora, decidámonos a ponerlo en práctica con fidelidad.

 


NOTAS:

[1] “When will the COVID-19 pandemic end?” McKinsey & Company. 21 de Septiembre, 2020. https://www.mckinsey.com/industries/healthcare-systems-and-services/our-insights/when-will-the-covid-19-pandemic-end. (Consultado 20/10/20).

[2] γρηγορέω, Arndt, William, Frederick W. Danker, Walter Bauer, y F. Wilbur Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (Chicago, IL: University of Chicago Press, 2000), 207-8, énfasis en el original. Este verbo aparece en Mateo 26:38, 40, 41.

[3] Ed Glasscock, Moody Gospel Commentary: Matthew (Chicago, IL: Moody, 1997), 509.

[4] La palabra griega es proskartereō y, en este versículo, “destaca la perseverancia y la tenacidad persistentes y sumisas de un grupo cerrado en sí mismo y orientado colectivamente hacia objetivos específicos”. [Horst Balz y Gerhard Schneider, eds., Exegetical Dictionary of the New Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1990), base de datos electrónica; Seattle: Biblesoft, 2006, [cursivas en el original].

[5] Entre los colaboradores de Pablo se encontraban: Timoteo (1:1), Tíquico (4:7), Onésimo (4:9), Aristarco (4:10), Bernabé (4:10), Marcos (4:10), Jesús Justo (4:11), Epafras (4:12), Lucas (4:14), Demas (4:14) e incluso Ninfas (4:15) y Arquipo (4:17).

[6] Para un análisis sobre la relevancia de Lucas 11:13 para nuestra predicación de la Palabra de Dios, ver R. Larry Overstreet, Persuasive Preaching: A Biblical and Practical Guide to the Effective Use of Persuasion (Bellingham, WA: Lexham, 2014), 189-91.

[7] “En el Nuevo Testamento, las expresiones con dei suelen interpretarse, en mayor o menor medida, como decretos divinos”. (Balz y Schneider, Exegetical Dictionary of the New Testament).

[N. del E.: todos los pasajes bíblicos de este artículo fueron tomados de La Biblia de las Américas (LBLA)]

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Edición: Enero/Febrero 2021.