Conocer al Dios que adoramos
Por Dr. Richard Bargas
Director Ejecutivo de IFCA International, Editor de VOICE Magazine.
Cuando el apóstol Pablo llegó a Atenas, debía de saber que el mensaje de la cruz entraría en conflicto directo con las filosofías de la época. Al mirar a su alrededor y darse cuenta de la sequía espiritual que le rodeaba, como lo ponía de manifiesto el panteón de dioses, Pablo sabía que, aunque el mensaje del Evangelio no fuera bien recibido, era necesario.
“Ninguna religión ha sido jamás más grande que su concepción de Dios”

Tras ser invitado a presentarse ante los hombres del Areópago, Pablo tomó la palabra para demostrarles que su búsqueda a ciegas de la verdad podía llegar a su fin aquel mismo día, si tan solo estuvieran dispuestos a aceptar la revelación que se encuentra en Jesucristo. Pablo dijo: “…Varones atenienses, percibo que sois muy religiosos en todo sentido. Porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoración, hallé también un altar con esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Pues lo que vosotros adoráis sin conocer, eso os anuncio yo”. (Hch 17:22-23).
“Lo que vosotros adoráis sin conocer…” No es difícil imaginar que alguien adore aquello que no comprende. Ocurre en todas las religiones del mundo: la gente reza a dioses y acepta doctrinas que ni conoce ni comprende. Ojalá el cristianismo fuera la excepción a esto, pero, por desgracia, no lo es. De hecho, he conocido a cristianos que creen sinceramente que el desconocimiento de las Escrituras es más espiritual que el conocimiento de las mismas, hasta el punto de que algunos incluso desaconsejan el estudio de la Biblia y la formación bíblica formal porque “apagaría el Espíritu” y llevaría a tener una fe intelectual, en lugar de una “espiritual”. Esta actitud se puede percibir cuando alguien dice que “la doctrina divide” y que lo único que tenemos que hacer es “amar a Jesús”.
El problema con esta idea es que todo es teológico. ¡Incluso la simple afirmación de “amar a Jesús” requiere que sepamos qué es el “amor” y quién es “Jesús”! Para responder a estas dos preguntas, debemos pensar de manera teológica y bíblica. Aquellos que rechazan la necesidad de comprender la fe con la mente y el corazón descubrirán que su fe no solo es anémica y superficial, sino que carecen de discernimiento y están expuestos a las influencias de las falsas doctrinas y sus maestros.
Ninguna religión ha sido jamás más grande que su concepción de Dios. Me encanta lo que dijo A. W. Tozer sobre nuestra necesidad de conocer a Dios si queremos adorarlo y vivir para Él: “Lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios es lo más importante de nosotros […] La adoración será pura, o baja, según el lugar en que el adorador tenga a Dios. Por esta razón, la cuestión más importante que la Iglesia tiene delante siempre será Dios mismo, y la realidad más portentosa acerca de cualquier ser humano no es lo que él pueda decir o hacer en un momento dado, sino la forma en que concibe a Dios en lo más profundo del corazón […] Nos será imposible mantener sanas nuestras prácticas morales, y rectas nuestras actitudes mientras nuestra idea de Dios sea errónea o inadecuada […] Ninguna religión ha sido jamás más grande que su concepto de Dios. La adoración será pura, o baja, según el lugar en que el adorador tenga a Dios […] Si fuéramos capaces de obtener de algún ser humano una respuesta completa a la pregunta ‘¿Qué le viene a la mente cuando piensa sobre Dios?’, podríamos predecir con certeza el futuro espiritual de ese ser humano […] Tener un concepto correcto de Dios es algo fundamental, no solo para la teología sistemática, sino también para la vida cristiana practica […] Creo que son muy escasos los errores en la doctrina o en la aplicación de la ética cristiana que no se puedan seguir hasta hallar su origen en unos pensamientos imperfectos e innobles sobre Dios”.[1]
Llevo más de treinta y dos años casado con mi mujer. Cuando estábamos comprometidos y en nuestros primeros años de matrimonio, nunca hubiera imaginado que podría querer a mi mujer más de lo que la quería entonces. Pero a medida que los años han ido pasando y hemos vivido muchos momentos de gran alegría, tristezas, pruebas, dolores, risas y lágrimas, hemos aprendido mucho más el uno del otro, y nuestro amor mutuo, junto con nuestro respeto, cariño y comprensión, ha crecido de formas que nunca hubiéramos imaginado hace treinta y dos años.
Menciono mi matrimonio porque, en cierto modo, refleja nuestra relación con Dios. Al igual que he ido conociendo y comprendiendo a mi esposa en diversas circunstancias y situaciones, mi amor y mi aprecio por ella también han crecido. Sería una tontería aconsejar a una pareja de recién casados que mantuvieran su relación en un plano superficial para poder amarse mejor. Sin embargo, son demasiados los cristianos que actúan como si un amor superficial por Dios fuera mejor que un amor profundo. Pero para sentir profundamente, debemos pensar profundamente.
Desde hace muchos siglos, los teólogos han reconocido el valor de recopilar los distintos pasajes de la Biblia que se refieren al carácter y los atributos de Dios, y de organizarlos de forma sistemática para que podamos ver todo lo que la Biblia enseña sobre el Dios al que adoramos. A través de las vidas de los personajes de la Biblia y de las enseñanzas que en ella se encuentran, aprendemos quién es nuestro Dios y qué podemos esperar de Él en diferentes circunstancias, y podemos saber cómo es Él porque ha elegido revelarse en las páginas de Su Palabra.
Al igual que un maestro artista, nuestro Dios ha pintado una obra maestra de Sí mismo que nos ayuda a conocerlo mejor, a comprender por qué y cómo responde, nos permite vislumbrar Sus majestuosos planes y lo distingue de los falsos dioses de este mundo. A medida que estudiemos Su obra en Su Palabra, llegaremos a conocerlo mejor y creceremos en nuestro amor por Él tal y como es, y este conocimiento más profundo dará lugar a sentimientos más profundos y a una adoración más profunda.
Ruego para que este número de “Voice” te alimente tanto el espíritu como el corazón, y te ayude a ver más claramente a nuestro Dios tal y como se ha revelado en las Escrituras.
NOTAS
[1] A. W. Tozer, El conocimiento del Dios Santo, (Deerfield, FL: Editorial Vida, 1996), 6-8. [N. del E.: el texto citado en el artículo original se encuentra en diferentes párrafos de las páginas 6 a 8 de la versión del libro en español]
[N. del E.: todos los pasajes bíblicos de este artículo fueron tomados de La Biblia de las Américas (LBLA)]
Copyright VOICE Magazine, utilizado con autorización.
Edición: Mayo/Junio 2022.