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Discerniendo Ipsissima Vox e Ipsissima Verba

Por Dr. Timothy L. Dane

Pastor; Presidente de Front Range Bible Institute.

Como fundamentalista teológico, creo en la inspiración verbal y plenaria, y con ello creo también en la doctrina de la inerrancia, tal como se articula en la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica (CSBI). Lamentablemente, en el cristianismo actual estamos viendo un ambiente en el que algunos eruditos evangélicos (y seminarios) están adoptando puntos de vista doctrinales que socavan efectivamente las doctrinas de la inspiración y la inerrancia.

Esta preocupante tendencia se opone a la ortodoxia cristiana histórica, que tradicionalmente ha afirmado tanto la inspiración como la inerrancia.  El artículo XVI de la CSBI afirma: “Afirmamos que la doctrina de la inerrancia ha sido parte integrante de la fe de la Iglesia a lo largo de su historia”.

El propósito de este artículo es abordar un aspecto particular de este tema evaluando los conceptos de Ipsissima Verba (IVA) e Ipsissima Vox (IVO), expresiones latinas que significan respectivamente “las mismas palabras” y “la misma voz”.

 

 La cuestión a tratar

En el centro de este debate se halla la cuestión de si los autores de los Evangelios recogieron las palabras mismas de Jesús, o simplemente “lo esencial” de lo que Jesús dijo, una expresión que ha sido utilizada por el profesor Darrell Bock como una forma de explicar tales diferencias: “Los Evangelios nos dan la verdadera esencia de sus enseñanzas y la idea central de su mensaje, [pero] no tenemos ‘sus mismas palabras’ en el sentido más estricto”.[1]

En defensa del profesor Bock, hay que reconocer que, contextualmente hablando, las declaraciones de Bock sobre el uso de la IVO tenían como objetivo defender los Evangelios de los ataques liberales extremos de The Jesus Seminar a finales de los 80 y principios de los 90, un movimiento que acabó negando grandes partes de los Evangelios.[2]  El esfuerzo de Bock tenía por objeto defenderse de los ataques liberales extremos, pero este escritor sugiere que se equivocó de solución al apelar a la IVO como forma (preferida) de explicar las diferencias en los Evangelios, ya que este enfoque puede conllevar un menoscabo inherente de la inerrancia. ¿Cómo debe el cristiano considerar estas cuestiones, que sin duda suponen un reto? Un buen punto de partida es revisar primero las propias afirmaciones de la Biblia sobre sí misma.

 

 Las afirmaciones de la Biblia

El mejor punto de partida es reconocer que la Biblia es un libro único (es decir, la única colección de escritos inspirados) y que no debe compararse (ni clasificarse) con otros escritos históricos no inspirados. Como señala Green, un planteamiento evangélico (sostenido por Bock) consiste en explicar que las diferencias en la redacción de los Evangelios pueden deberse a que seguían las pautas de antiguos historiadores seculares poco preocupados por el registro preciso de la historia o de las palabras.[3] Sin embargo, esta suposición plantea un gran problema. Green continúa explicando que, aunque Bock favorece la idea de las fuentes grecorromanas como trasfondo de los Evangelios, tras un estudio cuidadoso, “La comparación con los historiadores seculares por la que los defensores de la ipsissima vox abogan tan valientemente no es válida, está mal concebida y carece de pruebas…”.[4] Una mejor manera de abordar estas cuestiones es empezar por las propias afirmaciones de la Biblia.

 

 La afirmación bíblica de la inspiración que abarca toda la Biblia

Dos conocidos pasajes bíblicos afirman explícitamente la inspiración por el Espíritu. El primero afirma que “toda Escritura es inspirada por Dios” (2 Ti. 3:16), y el segundo, que todas las declaraciones proféticas proceden de hombres que “inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2 P. 1:21). Por lo tanto, como dice Wilkin, “si estos versículos son ciertos, y lo son, entonces no hay lugar para inexactitudes de ningún tipo en ninguna parte de la Biblia”.[5]  Este escritor está de acuerdo.

Al considerar este concepto de inspiración verbal (es decir, que las propias palabras fueron inspiradas), volvemos a mirar a la Biblia y vemos que los profetas de Dios hablaron y escribieron las palabras reales de Dios tal como Él las pronunció (cf. por ejemplo, Éx. 17:14; 24:4; 34:27; Dt. 18:18; 31:9; Jos. 24:26). Así pues, la propia Biblia reivindica la inspiración directa y verbal por el Espíritu Santo, doctrina que se expone muy claramente en el Libro de Hebreos (He. 3:7 [inspiración de los Escritos]; He. 9:8 [inspiración de la Torá]; He. 10:15 [inspiración de los Profetas]). Aquí está el punto clave: La Biblia no es un mero libro de historia secular, por lo que no debe tratarse como tal.

 

 Inspiración del Espíritu para los escritores apostólicos de los Evangelios

Jesús hizo claras promesas a los apóstoles de que llegaría el momento en que recibirían inspiración directa del Espíritu que les permitiría recordar y escribir las cosas que Él había dicho mientras estaban en su presencia. En un pasaje Jesús dijo: “Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir. El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber” (Jn. 16:13-14). Por sí misma, la memoria humana puede ser falible, pero Jesús aseguró a Sus apóstoles que el Espíritu los capacitaría para escribir un relato preciso de Sus palabras: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” (Jn. 14:26).

 

 Implicaciones de las afirmaciones bíblicas

Jesús prometió llevar Sus palabras a los apóstoles para que las escribieran con precisión, y no debemos minimizar la importancia de esta promesa. Estas afirmaciones bíblicas deberían llevar a los cristianos a abrazar fácilmente la doctrina de la inspiración verbal plenaria, y con ella la doctrina de la inerrancia (en toda la Biblia). Sin embargo, como sabemos, ha habido muchos ataques contra la inspiración y la inerrancia, y muchos de ellos se han originado en las afirmaciones de la Crítica Histórica (CH).

 

 El impacto de la CH

Muchos cristianos no están familiarizados con la disciplina llamada CH. Para nuestra breve discusión, será útil tener al menos un conocimiento básico de este movimiento.

 

 Orígenes de la CH

Está fuera del alcance de este artículo relatar por completo el origen y el desarrollo de la CH, pero unos breves comentarios ayudarán al lector a comprender estas influencias negativas. La CH (por ejemplo, Crítica de la Fuente, de la Forma, de la Redacción o de la Tradición) es una disciplina que se ocupa de los orígenes (y la interpretación) de los Evangelios. El trasfondo más amplio tiene su origen en el escepticismo filosófico que surgió en la época de la Ilustración (a partir del siglo XVII), pero las raíces más inmediatas de la CH proceden del liberalismo filosófico/teológico de la Alemania de finales del siglo XVIII (véase Robert L. Thomas y F. David Farnell, eds., The Jesus Crisis: The Inroads of Historical Criticism into Evangelical Scholarship (La crisis de Jesús: la incursión de la crítica histórica en los estudios evangélicos) [Grand Rapids, MI: Kregel, 1998]). Las ideas y métodos de la CH surgieron en Alemania, pero con el tiempo se extendieron por Europa e Inglaterra, y acabaron por generalizarse en el cristianismo estadounidense.

 

 Las afirmaciones de la Crítica Histórica

En esencia, la Crítica Histórica suele tener una opinión negativa sobre las doctrinas de la inspiración y la inerrancia. Así, al abordar cuestiones textuales difíciles (por ejemplo, dificultades de armonización), el punto de vista por defecto frecuente es considerar que las palabras en disputa contienen errores históricos. Esta forma de pensar suele estar impulsada por la falsa suposición de la dependencia literaria, un punto de vista que afirma que dos o tres de los escritores de los Evangelios (Mateo, Lucas y, tal vez, Juan) utilizaron la dependencia directa de otras fuentes literarias (por ejemplo, Marcos, Q, M, L) para escribir sus Evangelios. Aquí es donde la IVO suele entrar en escena. Una forma de explicar las diferencias de redacción consiste simplemente en decir que los escritores utilizaban la IVO y que, por este motivo, no debemos esperar precisión.

 

 La respuesta adecuada 

¿Cómo debe entender el cristiano estas cuestiones? He aquí seis sugerencias que nos ayudarán a comprender mejor estas cuestiones.

 

 Uno: Reconocer cómo algunas palabras fueron pronunciadas en arameo, pero registradas en griego 

Prácticamente todos los eruditos del Nuevo Testamento reconocen que muchas de las palabras de Cristo (o de otros) podrían haber sido pronunciadas originalmente en arameo (o posiblemente en hebreo), pero fueron registradas por los escritores de los Evangelios en griego. Esto representaría un área donde la mayoría de los eruditos reconocerían la posibilidad de IVO (algunos han explicado esto como una “visión estrecha” de IVO). Se trata de un punto de vista razonable y no conlleva las consecuencias negativas de una “visión amplia” de la IVO.  Como explica Geisler: “Jesús probablemente habló en arameo y el Nuevo Testamento está escrito en griego. Así que, incluso en el original, los autores del Nuevo Testamento estaban traduciendo lo que Jesús dijo”.[6] En otras palabras, reconocemos que las traducciones lingüísticas utilizaban la IVO.

También debemos reconocer que, aunque Jesús hablaba a menudo en arameo (o quizá también en hebreo), tenemos pruebas suficientes para creer que Jesús también sabía y hablaba griego. Así pues, no debemos recurrir automáticamente a la IVO para explicar las diferencias.[7]

 

 Dos: Reconocer los peligros de la CH

Aunque la IVO puede ser la forma correcta de explicar ciertas diferencias en los Evangelios (una visión estrecha de la IVO), debemos advertir contra el peligro de abandonar nuestra visión histórica de la inspiración y la inerrancia, un peligro que viene con una visión amplia de la IVO y que a veces atribuye una creatividad ahistórica a los escritores de los Evangelios (un problema entre muchos estudiosos de la CH). Yamauchi señala que muchos eruditos conservadores ven el peligro de atribuir creatividad a los escritores de los Evangelios mediante un uso inadecuado de la IVO: “Estos eruditos [conservadores] han reconocido que los evangelistas modificaron la logia de Jesús, pero han negado que ellos o los primeros cristianos la crearan”.[8] En otras palabras, debemos rechazar las explicaciones que permiten palabras en los Evangelios que en realidad no fueron pronunciadas.

 

 Tres: Reconocer que Jesús utilizó a menudo la repetición en su enseñanza

Los buenos maestros suelen repetir sus enseñanzas (y a menudo con variaciones) para dejar claros sus argumentos. Este fenómeno seguramente está detrás de muchas de las pequeñas variaciones que encontramos en los Evangelios y es preferible a una explicación IVO.

Como señala Osborne, “Cuando las palabras pronunciadas por Jesús son similares pero no idénticas entre Lucas y Mateo, no se debe suponer que uno es más auténtico que el otro, sino que el Señor reiteró la misma idea de manera similar pero no idéntica…. Marcos 10:23-24 es un ejemplo: Jesús, mirando en derredor, dijo a Sus discípulos: ‘¡Qué difícil será para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!’. Los discípulos se asombraron de Sus palabras. Pero Jesús respondiendo de nuevo, les dijo: ‘Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios!’”.[9]

 

 Cuatro: Reconocer la importancia del contexto histórico y la disposición de los Evangelios 

A veces, la confusión sobre la exactitud se produce cuando los lectores confunden distintos acontecimientos históricos y tratan erróneamente de armonizarlos. Por ejemplo, ¿maldijo Jesús la higuera antes o después de limpiar el templo (Mt. 21:12-19; Mr. 11:12-14, 20-24)? Ellenburg explica: “Un examen minucioso del relato de Marcos muestra que Cristo hizo dos viajes al templo”, y que no es necesario recurrir a la IVO.[10]

En cuanto a la disposición, se reconoce ampliamente que los escritores de los Evangelios tenían sus propias razones teológicas para lo que registraban u omitían (selectividad), e incluso cómo disponían sus materiales para sus propios fines teológicos (disposición). La ordenación de cuándo tuvo lugar algo no significa un error en el relato, ni debe llevarnos a buscar automáticamente la IVO. Broadus explica: “Cuando comparamos los Evangelios de Marcos y Lucas, encontramos varios de estos milagros, y los dichos que los acompañan, introducidos allí en conexiones tales que muestran que no ocurrieron en el orden preciso en que se mencionan aquí…. Mateo los agrupa sin ninguna consideración particular por el orden cronológico, sino de tal manera que promueven el diseño especial de su argumento histórico”.[11]  Por lo tanto, no debemos recurrir automáticamente a la IVO para explicar las diferencias.

 

 Cinco: Reconocer la posibilidad de parafrasear con un discurso indirecto

Otra situación se presenta cuando uno de los escritores de los Evangelios ha registrado el discurso directo, pero otro escritor de los Evangelios puede estar reportando las palabras de Jesús como discurso indirecto con cierto grado de paráfrasis. Como señala Wilkin, todos reconocerían que “muchas de las palabras de Jesús registradas en las Escrituras son discurso indirecto, no citas directas”.[12] Ellenburg también cree que este fenómeno explica claramente ciertas diferencias que algunos han atribuido erróneamente a la IVO.[13]

 

 Seis: Reconocer que los escritores de los Evangelios fueron selectivos en lo que registraron

Para repetir un punto ya señalado anteriormente, todos los eruditos reconocen que los escritores de los Evangelios fueron selectivos en cuanto a los dichos que decidieron registrar. Por tanto, si un escritor de los Evangelios recoge un dicho, pero el otro lo omite, no se debe apelar simplemente a la IVO como explicación de tales diferencias. Utilizar la IVO como respuesta por defecto puede suponer una amenaza para nuestra confianza tanto en la inspiración como en la inerrancia. Green expresa esta preocupación: “Los evangélicos que profesan un compromiso con la inspiración de las Escrituras deberían, por tanto, actuar con sumo cuidado en este ámbito”.[14]

 

 Resumen

Comprender correctamente el origen y la naturaleza de los Evangelios es una cuestión de gran importancia. Como hemos mostrado, podemos reconocer que hay ocasiones en las que una visión estrecha de la IVO puede ser la forma adecuada de entender ciertas diferencias en los Evangelios. Sin embargo, también hemos demostrado que no se debe optar automáticamente por esa explicación. Las diferencias pueden entenderse por muchas otras razones sin que ello suponga un desafío a la inspiración y la inerrancia que conlleva una visión amplia de la IVO.

 


NOTAS

[1] Darrell Bock, “The Words of Jesus in the Gospels: Live, Jive, or Memorex,” en Jesus Under Fire, ed. Michael J. Wilkins y J. P. Moreland (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1995), 73-99.

[2] Donald E. Green, “Evangelicals and IPSISSIMA VOX,” The Master’s Seminary Journal 12, no. 1 [2001]: 50-51.

[3] Ibíd., 51.

[4] Ibíd., 59.

[5] Robert N. Wilkin, “Toward a Narrow View of Ipsissima Vox,” Journal of the Grace Evangelical Society 14, no. 26 [2001]: 5.

[6] N. L. Geisler, A Popular Survey of the New Testament (Grand Rapids, MI: Baker, 2007), 345; citado de la fuente en línea Norman Geisler, “Do We Have the Exact Words of Jesus in the Gospels?” http://normangeisler.com/do-we-have-the-exact-words-of-jesus-in-the-gospels/. Consultado el 15/2/23.

[7] Robert L. Thomas, “The Language Jesus Spoke,” en A Harmony of the Gospels, ed. Robert L. Thomas y Stanley N. Gundry (San Francisco: Harper, 1978), 309-312.

[8] E. M. Yamauchi, “Logia,” ed. Geoffrey W Bromiley, en The International Standard Bible Encyclopedia, Revised (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans, 1979–1988), 153.

[9] Kelly Osborne, “The Impact of Historical Criticism on Gospel Interpretation: A Test Case,” en The Jesus Crisis, ed. Robert L. Thomas y F. David Farnell (Grand Rapids, MI: Kregel, 1998), 304.

[10] Dale Ellenburg, “Is Harmonization Honest?” en Holman Christian Standard Bible: Harmony of the Gospels (Nashville, TN: Holman Bible Publishers, 2007), 3.

[11] John A. Broadus, Commentary on the Gospel of Matthew (Philadelphia, PA: American Baptist Publication Society, 1886; reimpresión, Commentary on Matthew, Grand Rapids, MI: Kregel, 1990), 174.

[12] Wilkin, “Toward a Narrow View of Ipsissima Vox,” 3.

[13] Ellenburg, “Is Harmonization Honest?” 4.

[14] Green, “Evangelicals and IPSISSIMA VOX,” 69.

[N. del E.: todos los pasajes bíblicos de este artículo fueron tomados de La Biblia de las Américas (LBLA)]

Copyright VOICE Magazine, utilizado con autorización.

Edición: Mayo/Junio 2023.