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Hermenéutica dispensacionalista frente a hermenéutica del pacto

Por Owen Cornelius

Enseña en Biblical Training Institute de Southern View Chapel, Springfield, Illinois; registrador académico y profesor adjunto en Brookes Bible College, St. Louis, Missouri.

Todos los seres humanos, se den cuenta o no, tienen algún tipo de visión del mundo que influye en sus vidas. Por ejemplo, es muy probable que el no creyente típico tenga una visión del mundo secular. Tanto si esa visión del mundo es totalmente atea como si se caracteriza por un ligero toque de moralidad, no deja de estar desconectada del Dios de la Biblia por la sencilla razón de que la persona que la sostiene no ha sido regenerada.

Por otro lado, cabe esperar que un creyente tenga una visión del mundo firmemente anclada en las Escrituras, ya que el Espíritu de Dios habita en su interior. Lamentablemente, no todos los que se profesan creyentes tienen valores bíblicos, ya que se ven influidos por la cultura secular que les rodea.

En el mundo del evangelismo, los pastores, misioneros, evangelistas, profesores, teólogos y laicos tienen, por así decirlo, una visión del mundo sobre cómo abordar la tarea de interpretar la Biblia. En otras palabras, todos tenemos un punto de partida en lo que respecta a la hermenéutica. En este artículo, intentaré explicar cuáles son, en mi opinión, los puntos de partida divergentes de los dos sistemas principales del mundo hermenéutico: la teología del pacto y el dispensacionalismo. A continuación, demostraré cómo estos puntos de partida hermenéuticos totalmente opuestos dan lugar a ciertas características distintivas en cada sistema que, como cabría esperar, son diferentes.

Llegados a este punto, convendría aclarar específicamente a quiénes me refiero al hablar de los del pacto y dispensacionalistas. En el bando del pacto hay principalmente dos grupos: los amilenialistas, que no creen en un milenio literal, y los premilenialistas no dispensacionalistas, que defienden un rapto posterior a la tribulación. Algunos posmilenialistas conservadores también se adhieren a los del pacto. En cuanto a los dispensacionalistas, incluyo únicamente a la corriente tradicional, no a los ultradispensacionalistas ni a los dispensacionalistas progresistas.

 

El punto de partida de la teología del pacto

Los defensores de la teología del pacto insistirían en que su punto de partida es la Escritura. Sin embargo, en realidad parten de dos pactos que, según ellos, están implícitos en la Escritura: el pacto de las obras y el pacto de la gracia, tal y como se describen en la Confesión de Fe de Westminster. Dios estableció el pacto de las obras entre Él y Adán, a quien se le prometió la vida eterna, pero a cambio debía haber una obediencia perfecta. Adán, como cabeza federal de la raza humana, tenía el poder de cumplir este pacto; si no lo hacía, la muerte no solo le alcanzaría a él, sino a toda la humanidad. Cuando Adán pecó, en esencia rompió el pacto; por ello, Dios instituyó otra ley entre Él mismo y los pecadores: el pacto de gracia. Este pacto afirma que Cristo ofrece la vida eterna a los elegidos en Cristo cuando ponen su fe en Él.[1]

Más adelante en la historia de la teología del pacto, se añadió el pacto de redención, que supuestamente se estableció en la eternidad pasada entre el Padre y el Hijo e hizo posible el pacto de gracia. Louis Berkhof explica: “En el pacto de redención Cristo se comprometió a expiar los pecados de su pueblo, sufriendo el necesario castigo, y a satisfacer las demandas de la ley en lugar de ellos. Y al tomar el lugar de un delincuente Cristo se convirtió en el postrer Adán y como tal, también en cabeza del pacto, el representante de todos aquellos a quienes el Padre dio al Hijo”.[2]

A continuación, Berkhof describe cómo este pacto se relaciona específicamente con el pacto de gracia. Es “un prototipo eterno del histórico pacto de gracia…el fundamento firme y eterno del pacto de gracia…[que] da también eficacia al pacto de gracia, porque en él están provistos los medios para el establecimiento y ejecución de este último”.[3]

Sabemos que estos dos pactos nunca se mencionan explícitamente en las Escrituras, así que, ¿qué quieren decir los defensores de la teología del pacto cuando insisten en que están implícitos en las Escrituras? ¿Son realmente pactos? Charles Ryrie ofrece esta respuesta: “Lo que el teólogo del pacto hace para suplir la falta de específico apoyo bíblico a favor de los pactos de obras y de gracia es proyectar dentro de ellos la idea general de pacto de la Biblia y los pactos específicos (como el pacto de Abraham)”.[4]

Podemos concluir, pues, que estos pactos son de naturaleza teológica y se deducen lógicamente de las páginas de las Escrituras. Por el contrario, los pactos bíblicos se identifican explícitamente en las Escrituras como tales (el pacto con Noé: Gn 6:18; 9:9-17; el pacto con Abraham: Gn 15:9-21; 17:7; el pacto con Moisés: Éx 19:5; Dt 5:2-3; el palestino: Dt 29:1; el davídico: 2 S 7:1-17; 23:5; y el nuevo: Jer 31:31-34). La cuestión no es que la enseñanza contenida en la redacción de los dos pactos sea totalmente antibíblica. En ellos se expresa cierta verdad bíblica. Más bien, como afirma Ryrie, un estudio inductivo exhaustivo de la Biblia no revelaría ni una pizca de evidencia de la existencia del pacto de las obras o del pacto de la gracia, tal y como se les denomina.[5] En definitiva, la teología del pacto tiene unos cimientos muy inestables.

 

El punto de partida del dispensacionalismo

Los que formamos parte de IFCA International somos, sin complejos, dispensacionalistas.  Es parte de lo que somos. Pero ¿por qué somos dispensacionalistas? ¿Es porque el dispensacionalismo parece ser un enfoque razonable de las Escrituras? Al fin y al cabo, si fue válido para James H. Brookes y C. I. Scofield, también lo es para nosotros. ¿Es esa la razón? Creo que estarás de acuerdo en que somos dispensacionalistas debido a nuestro punto de partida. A diferencia del enfoque del pacto, que parte de dos o tres pactos deducidos de las Escrituras, nosotros partimos de las propias Escrituras.  Concretamente, uno de los elementos absolutamente esenciales del dispensacionalismo —la interpretación literal, gramatical e histórica coherente— es nuestro punto de partida. Permíteme ser claro. El dispensacionalismo no conduce a una interpretación literal, gramatical e histórica coherente. Más bien, partir de una hermenéutica literal, gramatical e histórica coherente da como resultado el dispensacionalismo.

Esta postura firme ha suscitado críticas por parte de algunos miembros de los del pacto, tal y como nos ha recordado Ryrie. Su queja es que ellos también utilizan un enfoque literal; sin embargo, no son coherentes en su aplicación.[6] Ahí está el conflicto, y lo comentaré con más detalle más adelante.

¿Cuál es, pues, la naturaleza de este enfoque coherente —literal, gramatical e histórico— de la interpretación de la Biblia? Se trata, sencillamente, de una lectura directa del texto en cuestión, en la que determinamos lo que el autor quería transmitir a sus lectores originales. Por ello, realizamos estudios léxicos; analizamos la gramática; examinamos el contexto inmediato y el contexto más amplio; y comparamos las Escrituras entre sí.

Por lo tanto, nuestro objetivo es la interpretación literal de cada texto con el que nos encontramos. Pero ¿significa esto que toda nuestra interpretación debe ser no figurativa? En absoluto, porque la interpretación literal tiene en cuenta que algunos autores de las Escrituras sí utilizan lenguaje figurado. Por lo tanto, parte de una hermenéutica normal y literal consiste en determinar cuándo se utiliza lenguaje figurado e interpretarlo en consecuencia.

Espero que, a estas alturas, te hayas dado cuenta de que la teología del pacto y el dispensacionalismo, en sus fundamentos más básicos, son sistemas muy diferentes de interpretar las Escrituras. Dado que cada sistema parte de un punto de partida distinto, es natural que sus rasgos distintivos específicos también sean contradictorios entre sí. El resto de este artículo se centrará en algunos de estos rasgos distintivos.

 

Algunas características distintivas de la teología del pacto

Dado que los del pacto creen que el pacto de gracia ha estado en vigor desde la caída del hombre, insisten en que el propósito rector del plan de Dios a lo largo de toda la historia es de naturaleza soteriológica, es decir, la salvación de los elegidos. Este es su “principio unificador”, y han acusado a los dispensacionalistas de destruir la unidad de la Biblia al dividirla en secciones.[7]

La prioridad del pacto de gracia ha dado lugar a otra característica distintiva de la teología del pacto: aplicar la interpretación del Nuevo Testamento al Antiguo Testamento, de modo que se modifica el significado de muchos pasajes del Antiguo Testamento. Por lo tanto, este sistema tiene una visión lamentablemente deficiente de la revelación progresiva.[8]

El principio unificador de la teología del pacto y su visión errónea de que el Nuevo Testamento interpreta el Antiguo Testamento han dado pie a algunos errores graves.

En primer lugar, las consecuencias de adoptar este principio unificador bajo el único pacto de gracia han dado lugar a una eclesiología no bíblica e incluso han enturbiado la pneumatología. Se define a la Iglesia como el conjunto de todos los elegidos de todos los tiempos, lo que significa que comenzó con Adán. Sin embargo, algunos partidarios de la doctrina del pacto sostienen que la Iglesia comenzó con Abraham. Así, no solo se considera que los creyentes del Nuevo Testamento forman parte de la Iglesia, sino también todos los santos del Antiguo Testamento. Esta doctrina plantea al menos dos problemas: (1) Jesús, en Mateo 16:18, indicó a los discípulos que la Iglesia era algo futuro. ¿Cómo, entonces, podría haber comenzado con Adán o con Abraham? (2) Pablo, en 1 Corintios 12:13, enseñó que el bautismo en el Espíritu Santo es el instrumento mediante el cual las personas pasan a formar parte del cuerpo de Cristo, la Iglesia. ¿En qué pasaje del Antiguo Testamento vemos la primera mención de este bautismo? En ninguno. No ocurrió hasta Hechos 2.

En segundo lugar, las consecuencias de aplicar la interpretación del Nuevo Testamento al Antiguo Testamento no solo han sumido a la hermenéutica en el caos, sino que también han trastocado varias doctrinas importantes.

Esto ha influido en la hermenéutica porque, al permitir que el Nuevo Testamento interprete el Antiguo Testamento, los defensores de la teología del pacto sostienen que es aceptable espiritualizar pasajes cuando sea necesario. Suelen considerar esto una necesidad en los pasajes proféticos del Antiguo Testamento que se refieren a Israel, a la segunda venida de Cristo y al reino; por lo tanto, no utilizan de forma sistemática la interpretación literal. Ryrie juzga acertadamente que “tiene que introducir otro principio hermenéutico (el método “teológico”) para tener una base hermenéutica para el sistema que [sostienen]”.[9]

Como consecuencia de su hermenéutica errónea, uno de los errores doctrinales más graves que cometen es afirmar que Dios ha dado por terminada su relación con Israel, ya que la nación rechazó a su Mesías. Las promesas que Él hizo a Israel se están cumpliendo ahora en la Iglesia. Esta corriente se denomina teología del reemplazo; por lo tanto, la Iglesia es ahora el nuevo Israel. Este punto de vista negaría que Dios haya derogado los tres pactos incondicionales que estableció con Israel: el abrahámico, el davídico y el Nuevo. Sus promesas siguen intactas, pero ahora se aplican al verdadero Israel espiritual, es decir, a la Iglesia.

Según Paul Enns, el pasaje bíblico que utilizan es Gálatas 3:29, que dice: “Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa”. Enns continúa afirmando que la teología del reemplazo sostiene que este versículo “muestra que la filiación con Abraham es espiritual, no física”.[10] Pero esta filiación espiritual no tiene nada que ver con que la Iglesia sustituya a Israel. Gálatas 3:29 simplemente enseña que los creyentes, tanto judíos como gentiles, han heredado las bendiciones espirituales asociadas al Pacto de Abraham porque, al igual que Abraham, han sido justificados por la fe (véase Gálatas 3:6-9).

Algunos partidarios de la teología del pacto que son premilenialistas y defienden un rapto posterior a la tribulación tienen una visión más moderada de Israel. Ryrie explica que se quedan “a medio camino”, lo que significa que “[l]a Iglesia e Israel están un tanto mezcladas, pero no amalgamadas en esta era (se mantienen diferenciados durante el Milenio)”.[11] [N. del E.: la última parte de esta cita no se encuentra en la versión del libro en español que se consultó, pero se ha traducido del inglés]

Otro grave error doctrinal de la teología del pacto se encuentra en su escatología. Debido a su visión errónea de Israel y de la Iglesia, que es consecuencia de su hermenéutica defectuosa, los partidarios del amilenialismo insisten en que el reino se cumple espiritualmente en la Iglesia. Por lo tanto, Cristo reina ahora sobre un reino espiritual.

Los partidarios de la teología del pacto han defendido tradicionalmente el bautismo de los bebés porque lo relacionan con la obligación que tenían los israelitas de circuncidar a sus hijos varones al octavo día como señal del pacto. Sin embargo, la circuncisión es una prescripción de la Ley mosaica y no guarda relación alguna con el bautismo. Además, el bautismo está destinado a quienes se han arrepentido de sus pecados y han puesto su confianza en Cristo como Salvador. Los bebés son incapaces de hacer nada de esto.

 

Algunas características distintivas del dispensacionalismo

En su libro Dispensacionalismo, Charles Ryrie expone los tres principios fundamentales del dispensacionalismo: (1) Israel y la Iglesia son entidades distintas; (2) debe aplicarse de forma coherente la interpretación literal de las Escrituras; y (3) el propósito general de Dios es manifestar su gloria en el mundo a través de todo lo que hace.[12] Ya he afirmado que el segundo principio fundamental de Ryrie es, en realidad, el punto de partida del dispensacionalismo. Mi afirmación adicional es que, si partimos de ahí, los otros dos principios fundamentales se derivarán como rasgos distintivos.

En primer lugar, el dispensacionalismo reconoce que Israel y la Iglesia son entidades diferentes. Se podría decir mucho al respecto, pero seré breve. Si hiciéramos un estudio exhaustivo del término “Israel”, salvo en las pocas ocasiones en que se utiliza para referirse al propio Jacob, descubriríamos que se refiere a los descendientes físicos de Jacob. El término nunca se utiliza en un sentido espiritualizado para referirse a la Iglesia.[13]

Anteriormente, mencioné Mateo 16:18 y 1 Corintios 12:13 como respuestas bíblicas a la visión del pacto según la cual la Iglesia ya existía en el Antiguo Testamento. 1 Corintios 10:32 distingue entre judíos, gentiles y la Iglesia. Además, Efesios 3:5 y 6 habla del único cuerpo compuesto por judíos y gentiles como algo que no se había revelado anteriormente. Los versículos 9 y 10 no dejan lugar a dudas de que Pablo se refiere a la Iglesia.

La distinción entre la Iglesia e Israel ha allanado el camino para dos visiones escatológicas: el rapto pretribulacional y un reino milenial literal. La teología del pacto, en su conjunto, rechaza el rapto pretribulacional, pero la doctrina de un milenio literal es aceptada por los premilenialistas no dispensacionalistas.[14]

Una segunda característica distintiva del dispensacionalismo es que insiste en que el propósito general de Dios es manifestar su gloria en el mundo en todo lo que hace. Ryrie afirma que este es el “principio unificador” del dispensacionalismo. Esto contrasta con la visión del pacto, que, como recordarás, considera que el propósito general de Dios es la salvación de los elegidos. Así pues, el principio unificador de la teología del pacto es de naturaleza soteriológica, mientras que el del dispensacionalismo es de naturaleza doxológica. Este propósito doxológico se aprecia en “las diferentes dispensaciones [que] revelan la gloria de Dios al manifestar su carácter en diferentes responsabilidades que culminan en la historia con la gloria milenaria”.[15]

¿Minimiza este punto de vista la importancia del Evangelio y de la salvación?  En absoluto. Como expresó un autor: “Desde la perspectiva del hombre, nada podría ser más importante que la salvación. Pero desde la perspectiva de Dios, todo lo que Él hace es para su gloria, incluida la salvación de los elegidos”.[16]

La teología dispensacionalista y la teología del pacto están a años luz en cuanto a su hermenéutica. Sin embargo, tal y como he demostrado, cuando partimos de una interpretación coherente, literal, gramatical e histórica de las Escrituras —tal y como ha hecho el dispensacionalismo—, nuestros fundamentos y rasgos distintivos son sólidos.

 


NOTAS

[1] Westminster Confession of Faith 7.2-3, 19.1, Puritan Reformed Theological Seminary, accessed December 9, 2025, https://prts.edu/wp-content/uploads/2016/12/Westminster_Confession.pdf.

[2] Louis Berkhof, Teología sistemática (Jenison, MI: T.E.L.L., 1995), 319.

[3] Ibíd., 323-324.

[4] Charles C. Ryrie, Dispensacionalismo, hoy (Grand Rapids, MI: Editorial Portavoz, 1992), 168.

[5] Ibíd., 168, 172.

[6] Charles C. Ryrie, Dispensationalism (Chicago, IL: Moody Publishers, 2007), 41-42.

[7] Ryrie, Dispensacionalismo, hoy, 91-97.

[8] Sanford Bible Church, “The Hermeneutics of Covenant Theology,” accessed December 10, 2025, https://www.sanfordbiblechurch.org/BibleInt07.pdf.

[9] Ryrie, Dispensacionalismo, hoy, 88.

[10] Paul Enns, The Moody Handbook of Theology (Chicago, IL: Moody Publishers, 2008), 538.

[11] Ryrie, Dispensacionalismo, hoy, 89.

[12] Ibíd., 43-45.

[13] Enns, The Moody Handbook of Theology, 555.

[14] Ryrie, Dispensacionalismo, hoy, 146.

[15] Ibíd., 19.

[16] Alex Bauman, ed., Why Dispensationalism Matters (Arlington Heights, IL: Regular Baptist Press, 2015), 75.

[N. del E.: todos los pasajes bíblicos de este artículo fueron tomados de La Biblia de las Américas (LBLA)]

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Edición: Marzo/Abril 2026.