La oración, el ayuno y la bendición de Dios
Por Jon Winkelman
Pastor en Grace Church de Lockeford, California. BA en Estudios Bíblicos de Frontier School of the Bible.
Hay una parábola contada por Jesús que nos presenta una imagen repugnante. Se trata de personas que hacen todo lo correcto desde el punto de vista espiritual, pero por razones equivocadas. Jesús llama a estas personas hipócritas. La prueba de su hipocresía se encuentra en su forma de orar y ayunar, ya que su objetivo es que se les vea ayunar para recibir el reconocimiento de los demás por su supuesta piedad espiritual. Jesús les dice entonces a sus seguidores que actúen de otra manera. La oración y el ayuno deben hacerse para una audiencia de Uno. Es a Dios, y solo a Dios, a quien debemos agradar.

Oración y ayuno. Al oír esas palabras, cada uno de nosotros sentirá emociones diferentes. Quizás te hayan enseñado que la oración y el ayuno son una práctica especial reservada únicamente para aquellos momentos en los que realmente queremos llamar la atención de Dios. O tal vez hayas oído que la oración y el ayuno eran una “práctica judía” y que hoy en día no deberían practicarse. O quizá seas como yo hace unas semanas y tengas que admitir con humildad que, en realidad, no habías pensado mucho en ello como disciplina espiritual. Sea cual sea tu postura respecto a este tema, quiero invitarte a acompañarme en este camino mientras reflexionamos y razonamos bíblicamente sobre la oración y el ayuno. Como siempre, lo mejor es empezar por el principio.
El principio de la oración y el ayuno
En mi opinión, siempre es mejor empezar por una definición. El diccionario Merriam-Webster define el ayuno como: “abstenerse de comer. Comer con moderación o abstenerse de ciertos alimentos”.[1] Define la oración como “una expresión (como una petición) dirigida a Dios…mediante palabras o pensamientos”.[2] La oración y el ayuno consisten en un período de tiempo predeterminado en el que practicamos la abnegación, en lo que respecta a las necesidades físicas, con el fin de centrar nuestra mente y nuestro corazón en dirigirnos a Dios o en presentarle nuestras peticiones. Para que quede claro, abordaré la oración y el ayuno como una disciplina conjunta. Se han escrito muchos libros sobre el tema de la oración y mentes mucho más brillantes que la mía han aportado su punto de vista al respecto. A efectos de este artículo, no abordaremos la cuestión de si debemos orar, eso es un mandato claro de las Escrituras, sino que exploraremos qué papel, si es que hay alguno, desempeña el ayuno en nuestra vida de oración.
Desde el punto de vista bíblico ¿de dónde proviene esta idea de la oración y el ayuno? La primera mención clara que encontramos al respecto se encuentra en Jueces 20. Cuando aparece, se menciona como si el lector ya estuviera familiarizado con dicha práctica. Hay quien sugiere que las referencias a afligir el alma (Lv 16:29) podrían entenderse como ayuno, pero la idea de afligir el alma se utiliza de diversas maneras y no parece una referencia clara únicamente al ayuno acompañado de oración.
Cuando echamos un vistazo al Antiguo Testamento, a veces parece que la oración y el ayuno están presentes en todas partes. Muchas de las fiestas y celebraciones iban acompañadas de esta práctica. Podría parecer que esta es la mejor forma de llamar la atención de Dios y de que Él nos escuche. Sin embargo, en Isaías 58:3 y siguientes aprendemos que no eran el ayuno y la oración en sí mismos lo que agradaba a Dios, sino la actitud del corazón. Dios deja claro que las “prácticas espirituales”, como el ayuno y la oración, solo son beneficiosas si van acompañadas de un corazón dedicado al Señor. ¿Cuál es, entonces, el propósito de la oración y el ayuno?
El propósito de la oración y el ayuno
La oración y el ayuno tenían lugar en una variedad de contextos. Lo siguiente constituye una muestra representativa de lo que se observa a lo largo del Antiguo Testamento.[3]
Razón para ayunar Persona o nación Pasaje
Petición urgente David 2 Samuel 12
Un tiempo de dificultad Josafat 2 Crónicas 20
Arrepentimiento y dolor por el pecado Nínive Jonás 3
A partir de esta muestra, podemos observar que el propósito del ayuno y la oración era tan variado como las personas que lo practicaban. “En el Antiguo Testamento, parece que el ayuno acompañado de oración tenía que ver con un sentimiento de necesidad y dependencia, y/o de absoluta impotencia ante una calamidad real o prevista. La oración y el ayuno se combinan en el Antiguo Testamento en momentos de luto, arrepentimiento y/o profunda necesidad espiritual”.[4]
Curiosamente, solo hay unos pocos ejemplos de ayuno en el Nuevo Testamento. Esta práctica se menciona en los Evangelios como parte del servicio de Ana a Dios (Lc 2:36-38), cuando Jesús ayunó (Mt 4), cuando Jesús dio instrucciones sobre cómo ayunar (Mt 6), cuando los fariseos se preocuparon porque Sus discípulos no ayunaban (Mt 9; Mr 2; Lc 5), y cuando los discípulos no pudieron expulsar a un demonio (Mt 17; Mc 9; Lc 9).
Aparte de estos ejemplos de los Evangelios, hay cuatro referencias al ayuno en Hechos y una en 1 Corintios. En Hechos 9, tras su encuentro con Jesús en el camino a Damasco, Pablo dedicó un tiempo a la oración y al ayuno. No se indica el propósito de esta oración y este ayuno, pero teniendo en cuenta lo que se le acababa de revelar, parece mejor entenderlo como un tiempo de arrepentimiento y dolor. En Hechos 10, Cornelio está ayunando cuando recibe la visión que le ordena que mande llamar a Pedro. El contexto sugiere que se trataba de una práctica habitual de Cornelio. Es posible que estuviera pidiendo al Señor una revelación espiritual más profunda, pero como esto no se afirma explícitamente, no se puede ser dogmático. En Hechos 13:2-3, la iglesia de Antioquía está ayunando y orando cuando el Espíritu Santo les ordena apartar a Bernabé y a Saulo. La iglesia, entonces, ayuna, ora y los envía. De nuevo, es posible que estuvieran buscando orientación del Señor, pero eso no se afirma explícitamente en el texto. Al ayunar y orar antes de enviar a sus misioneros, parece razonable suponer que estaban buscando la bendición de Dios. En Hechos 14:23, Pablo y Bernabé están nombrando ancianos en las iglesias que habían fundado. Parece que este proceso concluyó con un tiempo de oración y ayuno, y debería entenderse mejor como un tiempo de búsqueda del Señor y de súplica a Él por el bienestar de la iglesia y el ministerio eficaz de los ancianos recién nombrados. Por último, en 1 Corintios 7:5, cuando Pablo da instrucciones a maridos y mujeres, aborda la abstinencia sexual en el matrimonio y afirma que la abstinencia solo debe observarse cuando existe un acuerdo para hacerlo durante un período de tiempo específico, en el que el marido y la mujer dedicarán tiempo a la oración y al ayuno. Tras este tiempo, debe reanudarse la relación sexual normal dentro del matrimonio. El propósito del ayuno y la oración en este contexto (en mi humilde opinión) solo puede suponerse.
Estas son las únicas ocasiones en el Nuevo Testamento, al margen de los Evangelios, en las que encontramos ejemplos de oración y ayuno. ¿Qué significa eso para nosotros en el contexto de una Iglesia del Nuevo Testamento? Para responder a esa pregunta, primero debemos examinar lo que el ayuno y la oración no logran. La oración y el ayuno no hacen que Dios esté más dispuesto a escuchar ni más dispuesto a actuar. “Más bien, el ayuno junto con la oración parece indicar la sinceridad de quienes oran y la naturaleza crítica de las situaciones en las que se encuentran”.[5] El propósito de la oración y el ayuno no es doblegar a Dios a nuestra voluntad, sino preparar nuestros corazones y abrirnos a Su obra en nosotros. El propósito es expresar la seriedad de nuestra petición, arrepentimiento o dolor, y demostrar el deseo de que Dios actúe en nuestro favor. Juan Calvino escribió: “Un ayuno santo y legítimo tiene tres objetivos. Lo practicamos ya sea para mortificar y someter la carne, a fin de que no se desenfrene; o para prepararnos mejor para la oración y la santa meditación; o para dar evidencia de que nos humillamos ante Dios, cuando queremos confesar nuestra culpa ante Él”.[6] Con esto llegamos a nuestra última reflexión.
El poder de la oración y el ayuno
Al proponerme estudiar más a fondo la práctica de la oración y el ayuno, me llamó la atención un aspecto muy interesante. En la gran mayoría de los casos en que la oración y el ayuno aparecen en las Escrituras, se trata de un acto colectivo. En nuestra época de hiperindividualismo y de una independencia que roza la antipatía hacia los demás, las iniciativas colectivas son un bálsamo muy necesario para calmar nuestras almas cansadas.
En la experiencia de la Iglesia primitiva vemos que, cuando se practicaban la oración y el ayuno, el Espíritu se movía. Aunque esto no significa que el Espíritu Santo no se hubiera movido sin la oración y el ayuno, sí indica que hay formas en las que la oración y el ayuno preparan a la iglesia y al hijo de Dios para la obra del Espíritu. Podríamos decir, pues, que la oración y el ayuno son herramientas poderosas que Dios utiliza para la maduración del creyente y el crecimiento de Su iglesia. Charles Stanley lo expresa muy bien en su libro Talking with God (Hablando con Dios): “El propósito de la oración y el ayuno no es que los demás aplaudan el estado espiritual actual de una persona, sino que la persona que ora y ayuna sea transformada”.[7]
Al mirar a nuestro alrededor, allí donde Dios nos ha colocado, vemos una necesidad cada vez mayor del evangelio de Jesucristo. La persecución va en aumento, las naciones están aceptando y normalizando una amplia gama de inmoralidades, y parece que, miremos donde miremos, el hecho de que el pueblo de Dios no viva según los mandamientos de Cristo está devastando vidas. Y, sin embargo, en medio de todo esto, Cristo está obrando. Aunque a veces pueda resultar difícil de imaginar, hay países en los que el cristianismo está en auge. Incluso en medio de una secularización generalizada, las brasas del avivamiento pueden estar encendiéndose. El viento que haga que las llamas del avivamiento estallen puede que no sea otra cosa que los momentos de oración y ayuno en comunidad.
No puedo hablar por los demás, pero sí puedo, sin embargo, hablar por mi propio corazón pecador. La oración y el ayuno apartan mi mirada de mis ambiciones egoístas y de mi orgullo insensato. Obligan a los ojos de este hombre espiritual a mirar hacia el rostro de su Redentor. Es en las promesas de Jesús reveladas en Su Palabra donde se encuentra la esperanza. El poder de la oración y el ayuno reside en su capacidad para centrarnos en Cristo mientras suplicamos fervientemente Su favor, Su bendición y Su avivamiento. Hermanos y hermanas, dediquemos nuestros corazones y consagremos nuestras mentes a buscar el rostro de nuestro Señor Soberano.
NOTAS:
[1] https://www.merriam-webster.com/dictionary/fasting. (Consultado 02/11/20).
[2] https://www.merriam-webster.com/dictionary/prayer. (Consultado 02/11/20).
[3] En 1 Reyes 21:8-10 se encuentra un ejemplo muy interesante de ayuno, cuando Jezabel utilizó el ayuno con fines de engaño y asesinato. Dado que no se trata de un caso representativo, sino de un claro caso atípico, no se incluye en el gráfico.
[4] S. Michael Houdmann, ed. Got Questions? Bible Questions Answered (Colorado Springs, CO: Got Questions Ministries, 2014), 353.
[5] Ibíd., 354.
[6] John Calvin y Henry Beveridge, Institutes of the Christian Religion, vol. 3 (Edinburgh: The Calvin Translation Society, 1845), 260.
[7] Charles F. Stanley, Talking with God: Discover New Insights to Help Deepen Your Prayer Life, edición electrónica. (Nashville, TN: Thomas Nelson, 1997).
[N. del E.: todos los pasajes bíblicos de este artículo fueron tomados de La Biblia de las Américas (LBLA)]
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Edición: Enero/Febrero 2021.