El punto de vista de la inerrancia del Antiguo Testamento sostenido por el Señor Jesucristo y Sus Apóstoles debería ser esencialmente el mismo punto de vista que habrían sostenido los creyentes del Antiguo Testamento que vivieron antes de la primera venida de Cristo. Pero ¿dónde encontramos evidencia de lo que creían estas personas?
Inspiración
El uso de las Escrituras del Antiguo Testamento en el Evangelio de Mateo ofrece amplias pruebas de que Jesús creía en la inspiración y, por tanto, en el corolario de la inerrancia.
El propósito de este artículo es abordar un aspecto particular de este tema evaluando los conceptos de Ipsissima Verba (IVA) e Ipsissima Vox (IVO), expresiones latinas que significan respectivamente “las mismas palabras” y “la misma voz”.
La Palabra de Dios declara su propia inerrancia. Lo afirma con declaraciones directas de pasajes del Antiguo Testamento y declaraciones de Jesús en los Evangelios y con la autoridad apostólica de las Epístolas.
Desde el principio, la táctica principal del enemigo ha sido la misma: “¿Conque Dios os ha dicho…?” (Gn. 3:1). Si consigue que la humanidad dude o rechace la Palabra de Dios, el resto se desenreda a partir de ahí.
Nuestro compromiso con la Biblia debe basarse en el compromiso último de que este libro que predicamos es la Palabra de Dios y no la de los hombres. De esta verdad derivamos toda nuestra autoridad para proclamar los asuntos de vida y muerte a la Iglesia y al mundo (2 Co. 2:16).


